Cuando el cultivo no puede esperar, la aviación agrícola redefine su lugar en el campo
Actualizado: hace 9 horas

Desde Villa Valeria, el empresario aeroaplicador y presidente de FeArCA, Diego Martínez, analiza el presente y las perspectivas de la aviación agrícola. Destaca el valor de la oportunidad de aplicación, el avance de la tecnología y el crecimiento de los drones como herramienta complementaria. También advierte sobre los costos operativos, la necesidad de reglas claras y la formación de nuevas generaciones de pilotos y técnicos.
La aviación agrícola atraviesa una etapa de transformación en la que tecnología, profesionalización y eficiencia adquieren un peso cada vez mayor. En el sur de Córdoba, una de las regiones productivas más importantes del país, los aeroaplicadores enfrentan campañas atravesadas por la variabilidad climática, márgenes ajustados y una creciente demanda de intervenciones precisas y oportunas. Diego Martínez, empresario aeroaplicador de Villa Valeria y presidente de la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (FeArCA), trabaja habitualmente sobre unas 20.000 a 30.000 hectáreas por año, principalmente en cultivos como maíz, soja, girasol, sorgo y pasturas. Desde su experiencia en el territorio, sostiene que la principal fortaleza de la aviación agrícola continúa siendo su capacidad para responder con rapidez cuando una situación sanitaria exige intervenir en una ventana de tiempo acotada.
En diálogo con Aplica, Martínez repasa el desempeño de la última campaña, las expectativas para la 2026/27 y el impacto de las condiciones meteorológicas sobre las aplicaciones. También analiza el avance de los drones agrícolas, que considera una tecnología complementaria a la aviación tripulada, y plantea los principales desafíos que enfrenta el sector: costos, regulación, capacitación, disponibilidad de personal especializado y la necesidad de seguir incorporando herramientas que permitan mejorar la eficiencia, la trazabilidad y la seguridad de las aplicaciones.
¿En qué zonas trabajas habitualmente y qué superficie aproximada cubren con aplicaciones aéreas?
Trabajamos principalmente en el sur de la provincia de Córdoba, atendiendo establecimientos de toda la región. La superficie varía de acuerdo con cada campaña y las condiciones productivas, pero habitualmente estamos en el orden de las 20 a 30mil hectáreas anuales, pudiendo incrementarse cuando las condiciones climáticas y sanitarias generan una mayor demanda.
¿Qué cultivos son los que más demandan aplicaciones aéreas en tu zona y para qué tipo de tratamientos los contratan principalmente?
Nuestra zona tiene una producción agrícola bastante diversificada. Trabajamos principalmente sobre maíz, soja, girasol, sorgo y varias especies de pasturas. La demanda depende mucho de cada campaña, pero en términos generales las aplicaciones se concentran en tratamientos con herbicidas, fungicidas e insecticidas, en los últimos años se ha afianzado la técnica de siembra de cultivos de servicio, además de algunas aplicaciones de fertilizantes y otros productos específicos. La principal ventaja de la aplicación aérea aparece cuando existe una necesidad de tratamiento en un momento muy determinado, cuando la necesidad de solucionar un inconveniente sanitario de un cultivo es de relativa urgencia, cuando las condiciones del suelo dificultan el ingreso de equipos terrestres o cuando se necesita cubrir una superficie importante en poco tiempo.
¿Cómo fue la campaña pasada para los aeroaplicadores? ¿Qué cultivos o tratamientos tuvieron mayor demanda y cuáles fueron las principales dificultades?
Fue una campaña con bastante variabilidad. Hubo momentos de buena demanda, particularmente en tratamientos vinculados al control de enfermedades e insectos, aunque la actividad estuvo muy condicionada por las decisiones económicas de los productores. Uno de los principales desafíos del sector continúa siendo encontrar un equilibrio entre los costos operativos crecientes y el valor de los servicios. La aviación agrícola requiere aeronaves específicas, mantenimiento especializado, combustible, seguros, pilotos capacitados y una estructura operativa importante. Al mismo tiempo, entendemos perfectamente que el productor también trabaja con márgenes ajustados. Por eso cada vez resulta más importante demostrar que una aplicación realizada en el momento correcto debe analizarse no solamente como un costo, sino como una herramienta para proteger el potencial productivo del cultivo.
De cara a la campaña 2026/27, ¿qué expectativas tienen? ¿Cómo están viendo el estado de los cultivos, la demanda de aplicaciones y las decisiones que están tomando los productores?
Somos moderadamente optimistas. Todavía es temprano para hacer una evaluación definitiva porque dependemos mucho del clima y de cómo evolucione la campaña, en especial con un anuncio tan concreto y definido de año “niño”. En general vemos productores muy atentos a los costos y tomando decisiones cada vez más técnicas. Eso también representa una oportunidad para la aeroaplicación: cuando existe una ventana corta para realizar un tratamiento, la capacidad de intervenir rápida y efectivamente puede resultar determinante. Nuestra expectativa es que sea una campaña en la que se valore cada vez más la oportunidad, eficiencia y calidad de aplicación, más allá de la tecnología utilizada.
¿Qué impacto tienen hoy las condiciones climáticas —lluvias, viento, temperaturas— en la planificación de las aplicaciones? ¿Se modificó la forma de trabajar respecto de años anteriores?
Las condiciones meteorológicas siempre fueron determinantes para nuestra actividad, pero actualmente existe mucha más información disponible para tomar decisiones. Hoy analizamos permanentemente viento, temperatura, humedad, inversión térmica, condiciones del cultivo, características de los productos a aplicar, calidades y cualidades de las mezclas, etc. También contamos con pronósticos de mayor precisión y herramientas tecnológicas que permiten planificar mejor cada operación. La lógica sigue siendo la misma: una aplicación solamente debe realizarse cuando existen condiciones adecuadas que permitan asegurar un resultado positivo. Lo que cambió es que hoy contamos con mucha más tecnología, herramientas y conocimiento para evaluar esas condiciones.
¿Cómo está evolucionando el uso de drones agrícolas en la zona? ¿Los ven como una herramienta complementaria a la aviación tripulada, como competencia o creen que cada tecnología tiene su espacio?
Los drones están creciendo y seguramente van a continuar desarrollándose. Desde nuestra perspectiva son una tecnología complementaria. Cada sistema tiene fortalezas diferentes. La aviación agrícola tripulada tiene una enorme capacidad para cubrir grandes superficies rápidamente, mientras que los drones pueden ser muy eficientes en superficies menores, sectores específicos, lotes complejos o aplicaciones localizadas o selectivas. Creemos que el futuro no debería plantearse como una competencia entre tecnologías, sino como una integración. De hecho, en nuestra empresa comenzamos también a incorporar servicios realizados con drones a través de operadores especializados. Al final, el objetivo debería ser siempre el mismo: realizar la aplicación más eficiente, segura y técnicamente adecuada para cada situación.
¿Qué desafíos enfrenta actualmente un aeroaplicador en materia de regulación, costos, disponibilidad de aeronaves, insumos, capacitación y personal?
La actividad enfrenta varios desafíos simultáneamente. Por un lado, está la necesidad de contar con un marco regulatorio moderno, claro y técnicamente fundamentado, que garantice seguridad pero también permita trabajar con reglas previsibles. Por otro lado, tenemos costos operativos importantes: mantenimiento aeronáutico específico, repuestos, combustible, seguros y capacitación permanente. También existe el desafío de formar nuevas generaciones de pilotos, técnicos y personal especializado. La aviación agrícola es una actividad profesional que requiere mucha capacitación y experiencia. En ese sentido considero fundamental que exista un trabajo conjunto entre el Estado, las organizaciones del sector, las empresas y los centros de estudio y capacitación.
Desde tu experiencia en el territorio, ¿qué cambios necesitaría la actividad para seguir creciendo y qué rol cree que tendrá la aeroaplicación en los próximos años?
Creo que necesitamos continuar avanzando en tres cuestiones fundamentales: profesionalización, tecnología y reglas claras. La aviación agrícola ha evolucionado enormemente. Hoy hablamos de GPS, sistemas de guía y registro de aplicaciones, control de caudal, tecnologías antideriva, meteorología aplicada, trazabilidad, herramientas digitales, etc. El próximo paso será integrar todavía más información: mapas de ambientes, imágenes multiespectrales, prescripciones digitales, aplicaciones selectivas y distintas plataformas de aplicación, incluyendo aeronaves tripuladas y drones. Estoy convencido de que la aeroaplicación seguirá teniendo un rol muy importante en la producción agropecuaria porque tiene una característica difícil de reemplazar: la capacidad de actuar rápidamente cuando el cultivo necesita una intervención. El desafío es continuar demostrando que se puede producir de manera eficiente, profesional y responsable, cuidando simultáneamente la producción, las personas y el ambiente.






Comentarios