Con casi medio siglo de vida, la empresa de aviación agrícola que apuesta a los drones sin dejar de lado los aviones


Con 47 años de trayectoria, Ayres del Sur incorporó drones pulverizadores para complementar sus operaciones aéreas. Alfonso Rodríguez explica cómo conviven ambas tecnologías y qué ventajas ofrece cada una.
Con 47 años de trayectoria en el sector de la aeroaplicación, la empresa Ayres del Sur, de Daireaux, provincia de Buenos Aires, incorporó drones pulverizadores a su esquema de trabajo con el objetivo de ampliar sus servicios y responder a nuevas necesidades de los productores. Alfonso Rodríguez, uno de sus propietarios, explicó cómo fue el proceso de incorporación de esta tecnología, qué ventajas operativas ofrece y por qué considera que la capacitación es un factor determinante para garantizar la calidad de las aplicaciones. Además, analizó cómo evolucionará la convivencia entre aviones y drones y cuáles son las ventajas que todavía conserva la aviación agrícola tradicional.
La incorporación de nuevas tecnologías forma parte de la historia de Ayres del Sur. Después de casi cinco décadas de trabajo en aplicaciones aéreas, la empresa decidió sumar drones a su estructura operativa, con una primera inversión en un DJI Agras T50. Actualmente, cuenta con un T70 y un Mavic destinado a tareas de mapeo, herramientas que utiliza de manera complementaria con sus aviones. En diálogo con Aplica, Rodríguez destacó que los drones permiten resolver trabajos de precisión en sectores donde la operación aérea convencional presenta limitaciones, aunque remarcó que la experiencia acumulada por las empresas aeroaplicadoras y la formación de los operadores son fundamentales para aprovechar el potencial de esta tecnología.

¿Qué los llevó a incorporar drones agrícolas a una empresa con una trayectoria de más de 40 años en aplicaciones aéreas? ¿Qué necesidades del productor detectaron y qué oportunidades de negocio encontraron?
En estos 47 años que estamos trabajando, hemos incorporado tecnología constantemente, entonces este no va a ser el caso. La aparición de los drones es una tecnología nueva. Le dimos un tiempo prudente para conocer la herramienta y, cuando entendimos que era necesario hacer la inversión porque la vimos como un complemento del avión, decidimos avanzar. En ese momento compramos un DJI Agras T50, que era lo que había salido al mercado. Al poco tiempo llegaron las versiones T70 y T100, y esa fue nuestra incursión en el mundo de los drones. Hoy tenemos un T50, un T70 y un Mavic para mapeo.
¿Cómo se complementan hoy los aviones y los drones dentro de la empresa? ¿En qué situaciones recomiendan utilizar cada tecnología y qué criterios tienen en cuenta para elegir el equipo según el cultivo, la superficie y las condiciones de trabajo?
Para nosotros son complementos. Lo que permite el uso de los drones es realizar trabajos de mayor precisión en lugares donde el avión no puede acceder por distintas circunstancias. Un ejemplo puede ser un lote que tiene obstáculos, como montes o líneas de cables, donde sería muy peligroso para el piloto realizar una aplicación. Entonces, el avión puede trabajar en la parte del lote donde la seguridad operacional no corre riesgos y el dron puede completar la otra parte. Otro caso puede darse cuando tenemos un cultivo sensible a la aplicación de un herbicida. Si las condiciones, principalmente el viento y su dirección, no son las adecuadas para evitar afectar ese cultivo, a veces avanzamos con el avión hasta donde podemos, manteniendo el margen de seguridad correspondiente y asegurándonos de que la deriva no llegue al cultivo sensible. El dron es una herramienta a la que uno le puede bajar la velocidad, reducir la altura, aumentar el tamaño de gota y achicar la franja de aplicación, haciendo que la deriva disminuya. Entonces, ofrece más margen de maniobra que el avión porque permite trabajar a distintas velocidades.
Desde el punto de vista económico y operativo, ¿qué resultados les está dando el servicio de drones?
Es mucho más económico poner en vuelo un dron que un avión. Cuando uno sale a trabajar en un lote y deja algunas hectáreas sin aplicar por los márgenes de seguridad, resulta más económico ir con el dron a terminar ese trabajo. Estamos viendo que hoy es una tecnología de muy fácil acceso, pero lo importante es la capacitación que hay detrás del operador. Un dron lo puede comprar cualquiera, pero la capacitación y la experiencia que tiene una empresa como Ayres del Sur, al igual que otras empresas aeroaplicadoras, representan una ventaja diferencial. Esa ventaja nos la dieron la trayectoria y el hecho de permanecer a lo largo de los años en la actividad. Creemos que la capacitación es muy importante para el uso de esta tecnología, porque se puede terminar haciendo un trabajo de muy mala calidad o tener algún problema de deriva que afecte a un cultivo lo que representa costos económicos altísimos para el prestador del servicio.
¿Qué desafíos técnicos encontraron al incorporar drones a una operación de aeroaplicación profesional? ¿Cómo trabajan para garantizar la calidad de aplicación, controlar la deriva, calibrar los equipos y capacitar a los pilotos?
Actualmente estamos operando los drones con uno de los empleados que hace más de cinco años trabaja con nosotros. Comenzó como asistente de carga de los aviones, por lo que ya tiene incorporado todo el conocimiento sobre la preparación del caldo. Además, al estar en contacto permanente con los pilotos, va adquiriendo experiencia en la parte técnica y operativa del vuelo. Todo eso lo complementamos con cursos de manejo de drones, seguridad operacional y la obtención de las habilitaciones correspondientes en la provincia de Buenos Aires, como el carnet de aeroaplicador de drones que otorga la provincia. Ese conjunto de conocimientos y experiencias hace que tengamos operarios en condiciones no solamente de volar, sino también de aplicar, porque cuentan con formación técnica, teórica y práctica.
¿Cómo imaginan el futuro de la aviación agrícola con el crecimiento de los drones? ¿Creen que ambas tecnologías van a complementarse durante los próximos años y qué cambios necesitará el sector argentino para aprovechar todo su potencial?
En la aviación aeroagrícola, el dron va a tener una participación cada vez más creciente, porque está pensado para que el productor lo tenga en el campo como una herramienta más, principalmente por su costo. Posiblemente, el productor mediano o chico, a futuro, contrate cada vez menos servicios. Sin embargo, la capacidad operativa que tiene el avión y el conocimiento técnico de los pilotos de las empresas aeroaplicadoras hacen que, por el momento, los drones todavía no estén a la altura de todas las prestaciones que ofrece la aviación agrícola. Si bien existen drones no tripulados con una capacidad de carga interesante, como puede ser un equipo brasileño que descarga 350 litros, todavía están muy lejos de los 2.000 litros que puede cargar un avión turbo. Por eso, en cuanto a capacidad operativa y a los trabajos que requieren precisión y velocidad, el avión sigue teniendo ventajas sobre esta nueva tecnología.


