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“Perder el control es devastador”: Javier Soberano y el desafío de proteger el banano desde el aire

Foto del escritor: Florencia Lucero heguy
Florencia Lucero heguy
20 oct
6 min de lectura

El empresario aeroaplicador trabaja en Tabasco y Chiapas con aeronaves Piper Pawnee, en una actividad donde las ventanas de aplicación son reducidas y las condiciones meteorológicas determinan cada jornada.


En las plantaciones de banano, la aviación agrícola cumple un papel clave en el manejo sanitario de los cultivos. Una de las principales amenazas es la Sigatoka negra, una enfermedad fúngica que afecta las hojas de la planta y puede comprometer el desarrollo y la calidad comercial de la fruta. En este escenario, la precisión de las aplicaciones, la oportunidad de los tratamientos y el aprovechamiento de las condiciones meteorológicas son factores determinantes para mantener la enfermedad bajo control. Bajo la firma Soberano Aerofumigaciones, el empresario aeroaplicador Javier Soberano, miembro de la Federación de Asociaciones de Pilotos y Propietarios de Aviones Agrícolas de la República Mexicana, A.C. (FAPPAARMAC), desarrolla su actividad en los estados mexicanos de Tabasco y Chiapas, donde combina experiencia de vuelo, planificación operativa y tecnología para responder a las exigencias de un cultivo que requiere intervenciones frecuentes y oportunas.

De la formación militar a la aviación agrícola

El camino de Soberano hacia la aeroaplicación comenzó con su formación como piloto. Después de estudiar en la Escuela Militar de Aviación de la Fuerza Aérea Mexicana, realizó el curso de piloto aviador agrícola y encontró en esta especialidad una actividad que combina su pasión por volar con un aporte directo a la producción de alimentos. “Es un área de la aviación que me apasiona”, señala y agrega que lo que más disfruta de su trabajo es “ayudar a proveer alimentos al mundo”. Su actividad cotidiana está estrechamente vinculada con la sanidad de las plantaciones de banano, un cultivo en el que los tratamientos fitosanitarios deben ejecutarse con precisión para evitar que las enfermedades afecten el rendimiento y la calidad de la producción.

Sigatoka negra: una enfermedad que exige aplicaciones oportunas



La Sigatoka negra representa uno de los principales desafíos sanitarios del banano. Se trata de una enfermedad causada por un hongo que afecta el follaje y reduce la capacidad de la planta para desarrollarse adecuadamente. Su manejo requiere un programa de control sostenido, ya que, según explica Soberano, no se trata de una enfermedad que pueda erradicarse mediante las aplicaciones, sino de una amenaza que debe mantenerse bajo control. “La principal enfermedad del cultivo de banano se llama Sigatoka negra. Es un hongo que daña las hojas del banano”, explica el aeroaplicador. En ese contexto, advierte que la precisión es fundamental: “Tenemos que ser muy precisos y exactos en el tiempo y forma de aplicación, ya que perder el control es devastador, fisiológica y económicamente”. El impacto sanitario también repercute en la fruta ya que un manejo inadecuado puede comprometer el grosor, la longitud y la vida de anaquel del racimo, características que inciden directamente en su calidad comercial. Por eso, la cobertura del follaje es uno de los factores centrales para lograr tratamientos eficaces. Soberano subraya que los equipos deben estar correctamente calibrados y mantenerse en buenas condiciones para distribuir el producto de manera uniforme sobre las hojas.

Piper Pawnee y parámetros operativos definidos

Para realizar las aplicaciones, Soberano utiliza aeronaves Piper Pawnee. La elección de los parámetros operativos responde a las necesidades del cultivo y a las exigencias de cobertura que plantea el control de la Sigatoka negra. Entre los valores que utiliza habitualmente, detalla una altura de vuelo de entre dos y tres metros sobre el nivel de la planta, una velocidad de 160 kilómetros por hora, un ancho de pasada de 18 metros y un caudal de aplicación de 25 litros por hectárea. Estos parámetros forman parte de una operación en la que la planificación y la ejecución deben adaptarse a las características de las plantaciones y a las condiciones ambientales. El objetivo es alcanzar una cobertura adecuada sin perder eficiencia durante las ventanas disponibles para volar.

El clima define cuándo se puede volar

En la aplicación aérea sobre banano, las condiciones meteorológicas son determinantes. El viento, la temperatura y la humedad relativa influyen en la distribución de las gotas y en la posibilidad de realizar los tratamientos de manera segura y eficiente. Soberano explica que trabaja con un límite de viento de hasta 12 kilómetros por hora, temperaturas inferiores a los 32 °C y una humedad relativa superior al 60%. Estos criterios adquieren especial relevancia porque, según detalla, la mayor parte de los tratamientos se realiza con fungicidas de contacto, para los que emplean gotas finas. El objetivo es alcanzar una densidad de aproximadamente 70 gotas por centímetro cuadrado. La combinación de tamaño de gota, cobertura y condiciones ambientales requiere un control cuidadoso de cada variable. Una aplicación realizada fuera de los parámetros adecuados puede comprometer la calidad de la distribución y la eficacia del tratamiento.

GPS, atomizadores y productos auxiliares para mejorar la aplicación

La tecnología también ocupa un lugar importante en la operatoria de Soberano Aerofumigaciones. Para mejorar la precisión de los vuelos, el empresario utiliza GPS de última generación, boquillas hidráulicas y atomizadores rotativos. A estos recursos suma productos auxiliares destinados a acondicionar la mezcla y favorecer su desempeño, como reguladores de pH, antideriva, humectantes y surfactantes. La selección y combinación de estos elementos forman parte de una estrategia orientada a mejorar la calidad de la aplicación y reducir los riesgos asociados con la deriva. Su eficacia depende de que los equipos estén bien calibrados y de que las decisiones técnicas sean compatibles con el producto utilizado, las condiciones meteorológicas y las características del cultivo.

Planificación y aprovechamiento de las primeras horas del día

Soberano explica que las jornadas se planifican desde el día anterior y que la empresa trabaja con un programa semanal de servicios. El aprovechamiento de las primeras horas de la mañana es una de las claves de su esquema operativo. En condiciones favorables, las aplicaciones concluyen alrededor de las 9 o 10, aunque los horarios dependen de la evolución del clima. La lluvia, la niebla, el viento y las inversiones térmicas pueden impedir o demorar las tareas. Por eso, la planificación anticipada permite organizar los servicios y aprovechar los períodos en los que las condiciones resultan adecuadas. El empresario señala, además, que los traslados entre establecimientos no representan una dificultad significativa en su zona de trabajo, ya que se trata de un área compacta en la que cada empresa cuenta con su propio aeródromo.

Franjas de seguridad en áreas sensibles

El trabajo aéreo también requiere establecer criterios operativos para las zonas próximas a viviendas, ríos, lagunas y otros sectores sensibles. Soberano indica que en su operatoria mantienen una franja de seguridad de 500 metros para realizar aplicaciones cerca de estas áreas. Este dato corresponde al protocolo que describe para su actividad; su alcance debe interpretarse en función de la normativa aplicable en cada jurisdicción y de las condiciones específicas de cada operación. La gestión de estas zonas forma parte de los desafíos de la aviación agrícola, que debe compatibilizar la eficacia de los tratamientos con la prevención de impactos fuera del área objetivo.

Drones agrícolas: una herramienta complementaria

El avance de los drones aplicadores abre nuevas posibilidades para el sector, aunque Soberano no los considera, por el momento, una competencia directa del avión en las plantaciones de banano. Su argumento se apoya en dos variables: la capacidad de carga y la velocidad de trabajo. En un cultivo donde las ventanas de aplicación son muy reducidas, la posibilidad de cubrir grandes superficies en poco tiempo resulta determinante. “En el banano las ventanas de aplicación son muy reducidas y necesitamos realizar muchas hectáreas en poco tiempo”, sostiene. Sin embargo, reconoce que los drones pueden aportar valor en situaciones específicas. Los elegiría para trabajar en superficies pequeñas, áreas sensibles o sectores que requieren intervenciones focalizadas. Esta visión plantea un esquema en el que ambas tecnologías pueden complementarse de acuerdo con la escala del trabajo, la accesibilidad del terreno y las características de cada aplicación.

Inteligencia artificial y meteorología: el futuro de la aeroaplicación

De cara a los próximos cinco años, Soberano considera que el cultivo de banano seguirá teniendo un papel importante en la economía agrícola de Tabasco y Chiapas, en parte por su relevancia como alimento de consumo masivo. En ese escenario, sostiene que la aviación agrícola deberá incorporar las nuevas herramientas tecnológicas disponibles, especialmente las relacionadas con la información meteorológica y la inteligencia artificial. “Será indispensable el uso y adaptación de la inteligencia artificial a nuestro sector”, afirma. Entre las tecnologías que considera relevantes menciona los reportes meteorológicos predictivos sobre lluvia, temperatura, viento y humedad. Contar con información anticipada y precisa permitiría mejorar la planificación de las jornadas, identificar ventanas de aplicación y administrar de manera más eficiente los recursos operativos. La incorporación de estas herramientas, junto con los sistemas de navegación y los equipos de aplicación, podría ampliar las capacidades de la aviación agrícola en un cultivo que exige tratamientos frecuentes y un control sanitario constante.



Para Soberano, el futuro de la actividad estará ligado a la capacidad de combinar experiencia de vuelo, conocimiento agronómico y tecnología. En las plantaciones de banano, donde la Sigatoka negra no se erradica, sino que se mantiene bajo control, la precisión de cada aplicación sigue siendo una condición central para proteger la producción y sostener la calidad de la fruta.

 

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