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Guillermo Valdés: “El avión es una herramienta única, por velocidad, servicio y calidad”

Aplica Noticias
14 oct
6 min de lectura

Con expectativas y preocupación por el clima, destacó el aporte de la aplicación aérea para evitar pérdidas de rendimiento, el avance de la tecnología de precisión y los desafíos económicos que enfrenta el sector.





La próxima campaña agrícola encuentra a los productores y aeroaplicadores del norte argentino entre la expectativa de una buena producción y la incertidumbre por el comportamiento del clima. En el sur de Santiago del Estero, las lluvias registradas hasta el momento están por debajo de lo esperado, mientras los pronósticos anticipan posibles precipitaciones abundantes hacia noviembre y diciembre. En ese escenario trabaja Guillermo Valdés, empresario agropecuario, aeroaplicador de Añatuya, y vicepresidente de FeArCA, quien combina la producción agrícola familiar con la prestación de servicios de aplicación aérea en una de las principales regiones agrícolas del norte del país. “Trabajamos unas 2.000 hectáreas aproximadamente, entre soja, trigo y maíz”, explicó Valdés. A esa actividad suma una empresa de servicios de aplicación aérea que cuenta con dos aviones y opera en las zonas de Quimilí, Añatuya y otras áreas agrícolas del norte argentino. Actualmente, la actividad productiva se concentra en los lotes de girasol y trigo, mientras que las aplicaciones de mayor intensidad comienzan a cobrar protagonismo a medida que avanza el ciclo de los cultivos de verano.

Una campaña marcada por la incertidumbre climática

Valdés describió el panorama de la próxima campaña con una combinación de expectativas y preocupación. Si bien los pronósticos climáticos anticipan la posibilidad de lluvias importantes, advirtió que la situación observada en su zona todavía no refleja ese escenario. “La campaña próxima la vemos con mucha expectativa y preocupación a la vez”, sostuvo Valdés y describió que “el anunciado Niño y, en este caso particularmente en la zona sur de Santiago, no viene dando la magnitud que dicen ya que ha llovido muy poco”. El productor espera que las precipitaciones previstas para los próximos meses permitan mejorar las condiciones de humedad, aunque también advirtió sobre los posibles inconvenientes que podría generar un exceso de agua.

El comportamiento de las lluvias será determinante tanto para la evolución de los cultivos como para la planificación de las labores agrícolas. En materia de protección vegetal, Valdés explicó que las aplicaciones aéreas comienzan a ganar relevancia hacia febrero y marzo, cuando los lotes de soja alcanzan un mayor desarrollo. “Nosotros empezamos las aplicaciones a partir de febrero, marzo, donde empiezan a ser aplicaciones de precaución en el caso de hongos en soja. Ya están los cultivos muy cerrados y el productor no los pisa”, detalló.

La aplicación aérea, una herramienta para evitar pérdidas

Para Valdés, la principal ventaja de la aeroaplicación está en la posibilidad de ingresar a los lotes sin generar daños mecánicos sobre los cultivos. El tránsito de la maquinaria terrestre puede provocar pérdidas de rendimiento por el pisoteo, especialmente cuando los cultivos están desarrollados y cubren buena parte de la superficie. “La aplicación aérea es clave”, afirmó Valdez y contó que “cada vez se dan cuenta de la cantidad de hectáreas que se pierde, cuántos kilos se pierden por el pisoteo”. En ese sentido, resumió su visión sobre el aporte del avión a la producción agrícola: “El avión es una herramienta única, por velocidad, por servicio, por calidad”. El empresario también mencionó que las pérdidas por el tránsito de maquinaria terrestre no son un fenómeno nuevo. Recordó estudios realizados hace décadas y trabajos posteriores de grupos CREA que analizaron el impacto del pisoteo sobre los rendimientos. Según explicó, en trigo se han señalado pérdidas de entre 90 y 150 kilos por hectárea, dependiendo de las condiciones y del tránsito de la maquinaria. Para Valdés, esos valores permiten dimensionar el costo productivo de las huellas que quedan en los lotes. “Este año, sobre todo, donde el trigo encañó, vimos muchas pisadas”, comentó y agregó que, al considerar el precio del cereal, el valor de la producción que se pierde puede alcanzar para cubrir el costo de una o más aplicaciones aéreas. La comparación pone en primer plano un aspecto central de la decisión productiva: evaluar el costo del servicio no solo por su precio directo, sino también por las pérdidas que permite evitar.

Tecnología de precisión: una inversión que se paga sola

La incorporación de tecnología dejó de ser exclusiva de las empresas más grandes. De acuerdo con Valdés, tanto los productores como los prestadores de servicios están incorporando herramientas que permiten mejorar el control de las aplicaciones. “Todas las empresas actualmente, no solamente los productores de punta, sino un productor normal, ya trabajan con GPS, con corte por sección”, señaló. El uso de sistemas de posicionamiento satelital y corte por secciones permite reducir superposiciones, mejorar la precisión de las labores y utilizar los insumos de manera más eficiente. En un contexto en el que los productos fitosanitarios tienen un peso importante dentro de los costos de producción, evitar errores resulta determinante. “La tecnología hoy está a la orden del día, se paga sola y le da mucha seguridad al productor, porque los productos son muy caros”, sostuvo y afirmó que “esto te asegura la aplicación”. Sin embargo, la incorporación de equipos y sistemas de precisión convive con los costos propios de mantener una empresa aeroagrícola. Valdés destacó especialmente la necesidad de conservar las aeronaves en condiciones operativas y disponer de los repuestos necesarios para garantizar su funcionamiento. “Es bravo el mantenimiento de la aeronave, porque hay que tenerla justamente que no le falte ningún repuesto”, advirtió.

La inversión tecnológica, por lo tanto, debe acompañarse con una estructura de mantenimiento capaz de sostener la disponibilidad de los aviones durante los momentos de mayor demanda de trabajo.

Drones y aviones: tecnologías con distintos campos de aplicación

La expansión de los drones pulverizadores abrió un nuevo escenario para los servicios agrícolas, aunque Valdés considera que, en el norte argentino, todavía no se observa una diferencia marcada entre ambas tecnologías en términos de su utilización. “El dron y el avión, en el norte, todavía no han mostrado una diferencia marcada, porque los lotes son grandes”, explicó. Las dimensiones de los establecimientos y las superficies que deben tratarse condicionan la elección de los equipos. En ese contexto, la capacidad operativa del avión sigue siendo un factor relevante para cubrir grandes extensiones en ventanas de aplicación acotadas. No obstante, el empresario reconoció que los drones pueden desempeñar un papel importante en otros escenarios, particularmente en establecimientos con lotes pequeños o ubicados cerca de zonas pobladas. “El dron no deja de ser clave en muchos lugares, sobre todo cerca de las poblaciones, donde hay escuelas y donde los lotes son chicos”, sostuvo. Su planteo apunta a una convivencia entre tecnologías, en la que las características del lote, la escala del trabajo y las condiciones operativas determinan qué herramienta resulta más adecuada para cada situación.

El crecimiento agrícola del norte argentino

Valdés también destacó el dinamismo de la expansión agrícola en el norte del país, especialmente en Santiago del Estero, Chaco y algunas zonas de Salta. “El norte argentino es el lugar del país, sobre todo Chaco y Santiago del Estero, alguna parte de Salta, donde más crece”, señaló. Según describió, mientras algunas regiones del sur mantienen superficies agrícolas relativamente estables, en el norte los establecimientos pueden ampliar progresivamente la cantidad de hectáreas trabajadas. “Aquí, a veces, el mismo productor que un año te hace 200 hectáreas, el otro año son 250, el otro año 300”, explicó, en referencia al crecimiento de las superficies productivas. Valdés vinculó esa expansión con las habilitaciones para el cambio de uso del suelo, aunque el ritmo de crecimiento depende de las condiciones productivas, económicas y regulatorias de cada zona. Para las empresas de servicios, ese proceso genera oportunidades de trabajo, pero también exige inversiones para acompañar el aumento de la superficie agrícola y atender la demanda durante períodos de alta concentración de labores.

Impuestos e inversión: los pedidos al Gobierno

Al analizar las condiciones necesarias para invertir y sostener la actividad, Valdés puso el foco en la presión impositiva y en la importancia de mantener un escenario que permita planificar a mediano y largo plazo. Consultado sobre qué le pediría al Gobierno como productor y aeroaplicador, respondió que existen numerosos aspectos por mejorar, especialmente en materia tributaria. El empresario señaló que la posibilidad de renovar equipos, mantener las aeronaves y adoptar nuevas tecnologías depende, en buena medida, de la rentabilidad del negocio y de las condiciones económicas generales. Pese a las dificultades, manifestó expectativas respecto de la continuidad de los cambios económicos y políticos impulsados por el Gobierno. “Todavía estamos en un nuevo cambio de gobierno y esperemos que siga el cambio para bien”, concluyó.

Entre la incertidumbre climática, el aumento de los costos operativos y la necesidad de incorporar tecnología, la próxima campaña volverá a poner a prueba la capacidad de adaptación de los productores y las empresas de servicios. Para Valdés, la aplicación aérea conserva un papel central en ese esquema, especialmente cuando el desarrollo de los cultivos vuelve más costoso el ingreso de maquinaria terrestre.

 

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