La revolución de los drones agrícolas: 6.500 equipos y una expansión que podría alcanzar 40 millones de hectáreas
La expansión de los drones agrícolas acelera en Argentina: ya hay 6.500 equipos y las importaciones se multiplicaron por seis en dos años. El desafío ahora es aumentar la capacidad operativa y formar operadores al ritmo de una tecnología que podría alcanzar 40 millones de hectáreas para 2030.

La tecnología de aplicación con drones atraviesa una etapa de fuerte crecimiento en Argentina. Durante el Congreso Internacional de Drones 2026, que se está llevando a cabo en la ciudad de San Miguel de Tucumán, especialistas destacaron que ya existen unas 6.500 unidades aplicadoras y que las importaciones se multiplicaron por seis entre 2024 y 2026. El desafío, advierten, dejó de ser solamente acceder a los equipos: ahora pasa por contar con operadores capacitados, mejorar el uso de las máquinas y medir el impacto ambiental de una actividad que podría alcanzar 40 millones de hectáreas hacia 2030. La aplicación de fitosanitarios con drones dejó de ser una tecnología experimental para convertirse en una actividad con presencia creciente en la agricultura argentina. El ritmo de incorporación de equipos se aceleró en los últimos años y abrió una nueva etapa para el sector, marcada por la búsqueda de mayor eficiencia, precisión y capacidad operativa.
Durante una de las disertaciones del Congreso Internacional de Drones 2026, representantes de DRAP y EFFICATIA repasaron la evolución de los drones agrícolas y plantearon algunos de los desafíos que acompañan la rápida expansión de esta tecnología. Uno de los datos expuestos permite dimensionar el cambio: entre 2024 y 2026 se multiplicó por seis la cantidad de drones importados, mientras que actualmente se estima que existen alrededor de 6.500 drones aplicadores en el país. A su vez, el precio de los equipos se redujo de manera significativa. Según los datos presentados, el valor de un equipo con prestaciones equivalentes cayó un 62%, modificando la principal barrera de entrada al mercado. “La barrera de incorporación pasó del precio a la disponibilidad de buenos operadores”, fue uno de los conceptos destacados durante la presentación.
Más equipos, pero también más exigencias
La expansión del parque de drones también está generando un mercado secundario. Ya existen equipos usados que pueden adquirirse por una fracción de su precio original, lo que facilita todavía más el acceso a la tecnología. Pero ese proceso también genera interrogantes. De acuerdo con lo planteado durante la exposición, habrá cada vez más drones y operadores con menores recursos disponibles para ingresar a la actividad. En ese escenario, la capacitación y los criterios profesionales de operación adquieren un peso central. Los especialistas identificaron distintos perfiles dentro del universo productivo: productores de baja intensidad, productores híbridos y productores de alta intensidad.
La diversidad de usuarios también se refleja en el aprovechamiento de los equipos. Según se explicó, muchos drones están siendo subutilizados, una situación que puede estar relacionada con la falta de capacitación, la ausencia de operadores disponibles o expectativas excesivas al momento de adquirir la máquina. El dato plantea una cuestión concreta: comprar un dron no necesariamente significa estar en condiciones de aprovechar todo su potencial productivo.
Un dron que ya puede transportar el volumen de un avión agrícola de otra época
La evolución de la capacidad de carga también permite dimensionar el salto tecnológico. Durante la presentación se señaló que un dron actual puede transportar un volumen equivalente al que en la década de 1970 llevaba un Aero Boero AB-180AG, un avión utilizado para trabajos agrícolas. La comparación no apunta solamente a la capacidad de carga. También muestra cómo la tecnología de aplicación aérea está incorporando nuevas alternativas y modificando las características de las operaciones. En paralelo, los equipos avanzan hacia aplicaciones más precisas, con posibilidades de trabajar con dosis variables, aplicaciones selectivas y configuraciones específicas según el cultivo o la necesidad de cada sector del lote. La lógica que atraviesa esta transformación puede resumirse en una premisa planteada durante la exposición: aplicar menos donde no hace falta y aplicar mejor donde sí hace falta.
De la aplicación a los datos
El desarrollo de los drones también está ampliando su función dentro del sistema productivo. Durante el Congreso se puso énfasis en el fenotipado de alto caudal, una herramienta que permite obtener de manera rápida y automatizada información sobre diferentes características de las plantas. Altura, cobertura, rendimiento e índices espectrales aparecen entre las variables que pueden ser relevadas mediante tecnologías de captura y análisis de información. De esta manera, el dron deja de ser exclusivamente una herramienta de aplicación y pasa a formar parte de un sistema más amplio de agricultura de precisión, en el que la información obtenida puede utilizarse para definir dónde, cuándo y cuánto intervenir.

El desafío de aumentar la superficie trabajada
Los datos presentados durante la disertación también muestran una fuerte expansión de la superficie atendida con drones. La experiencia acumulada por las empresas expositoras registra 3.724.700 hectáreas de aplicación, con una evolución creciente en los últimos años y presencia en numerosas provincias argentinas. Actualmente, se estima que un equipo puede trabajar entre 500 y 900 hectáreas por año. La posibilidad de duplicar o incluso triplicar ese volumen aparece como una evolución posible a medida que mejoren la organización, la logística, la capacitación y el aprovechamiento de las máquinas. Las proyecciones presentadas son todavía más ambiciosas: para 2030 se estima que los drones podrían alcanzar unas 40 millones de hectáreas en Argentina. Ese crecimiento, sin embargo, abre preguntas que todavía no tienen respuestas definitivas.
La pregunta ambiental
Uno de los principales interrogantes planteados durante la exposición tiene que ver con el impacto ambiental de la expansión de esta tecnología. Si la cantidad de drones y la superficie aplicada continúan creciendo al ritmo actual, será necesario contar con herramientas que permitan conocer y comparar sus efectos sobre el ambiente. Entre los desafíos mencionados aparece la necesidad de establecer métodos homogéneos o estándares para medir la deriva, uno de los aspectos críticos de cualquier aplicación aérea. La pregunta es especialmente relevante ante un escenario en el que el número de operaciones puede crecer de manera exponencial: nadie sabe todavía con precisión cómo está impactando este crecimiento sobre el ambiente ni cómo podría hacerlo hacia 2030.
Inteligencia Artificial y robótica de enjambre
La próxima etapa tecnológica también plantea interrogantes sobre el papel que tendrán la Inteligencia Artificial y la robótica de enjambre. El desarrollo de sistemas capaces de coordinar múltiples equipos podría modificar nuevamente la escala de las operaciones y permitir intervenciones cada vez más específicas. Pero ese avance tecnológico enfrenta un límite que hoy aparece como uno de los principales desafíos del sector: la formación de los recursos humanos. “La tecnología avanza más rápido que la formación de pilotos” es, en definitiva, uno de los conceptos que atraviesa la presentación.
El desafío para los próximos años no será solamente incorporar más drones. Será lograr que esos equipos sean utilizados correctamente, por operadores capacitados, bajo protocolos de seguridad y con criterios ambientales que permitan acompañar el crecimiento de la actividad. La tecnología ya está disponible. Ahora el sector enfrenta la necesidad de construir las capacidades necesarias para aprovecharla.






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