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El avión agrícola que vuela solo: Paraguay desarrolla una aeronave autónoma con IA

Foto del escritor: Florencia Lucero Heguy
Florencia Lucero Heguy
hace 3 días
5 min de lectura

La iniciativa busca convertir un avión ultraligero en una plataforma no tripulada para aplicaciones agrícolas, con una capacidad proyectada de hasta 1.000 hectáreas por jornada.



La aviación agrícola sudamericana suma un nuevo desarrollo tecnológico que combina aeronáutica, automatización e inteligencia artificial. En Paraguay, la empresa Agro IA, en conjunto con la Universidad Nacional de Asunción (UNA), trabaja en el desarrollo de una aeronave agrícola no tripulada de gran porte destinada a realizar aplicaciones de manera autónoma. El proyecto es presentado por sus impulsores como el primer desarrollo de estas características en Sudamérica y apunta a llevar la automatización utilizada actualmente en drones agrícolas a una plataforma de mayor tamaño y capacidad. La iniciativa cuenta con la participación de estudiantes de Ingeniería Aeronáutica de la Facultad Politécnica de la UNA, además de alumnos vinculados a Electrónica y Marketing. La Facultad Politécnica registra un convenio de cooperación con Agro AI firmado el 18 de agosto de 2026, con una duración prevista de dos años y orientado a la colaboración técnico-científica.

De un ultraligero a una aeronave agrícola no tripulada

Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es la plataforma elegida. A diferencia de los drones multirrotor que actualmente se utilizan para pulverización agrícola, Agro IA trabaja sobre un avión ultraligero de origen brasileño. Según la información difundida sobre el proyecto, la aeronave fue modificada para retirar los asientos e incorporar un depósito destinado a transportar el caldo de aplicación. El objetivo es convertir ese avión en un VANT —Vehículo Aéreo No Tripulado— de gran porte, capaz de realizar vuelos y tareas agrícolas sin piloto a bordo. La aeronave será equipada con sistemas de control automatizado y herramientas de inteligencia artificial para ejecutar las diferentes etapas de la operación. El ingeniero Gerardo Monzón Manzoni, uno de los responsables del desarrollo, explicó que la intención es que el sistema pueda ser operado mediante una computadora y que la inteligencia artificial tenga un papel central en la autonomía de la aeronave. Esto plantea un cambio de escala respecto del concepto tradicional de dron agrícola: no se trata solamente de automatizar una aeronave pequeña, sino de trasladar la lógica de operación autónoma a una plataforma con características similares a las de un avión agrícola convencional.

Hasta 1.000 hectáreas por día

Uno de los objetivos más ambiciosos del proyecto es alcanzar una cobertura de aproximadamente 1.000 hectáreas por jornada. Las estimaciones difundidas por sus desarrolladores mencionan un rendimiento de entre 70 y 90 hectáreas por hora, con una operación que podría extenderse durante unas 14 horas. Estas cifras corresponden a las proyecciones del proyecto y deberán ser contrastadas con los ensayos de vuelo y las futuras pruebas de aplicación agrícola. La diferencia de escala es precisamente uno de los argumentos centrales de la iniciativa. Una aeronave de ala fija puede cubrir grandes extensiones en menor tiempo que un multirrotor, aunque su operación incorpora desafíos propios: velocidad, navegación, despegue y aterrizaje, gestión del espacio aéreo, seguridad operacional y precisión durante la aplicación. Por eso, uno de los puntos determinantes del desarrollo será comprobar qué rendimiento efectivo puede alcanzar la aeronave una vez que comiencen las pruebas operativas.

Inteligencia artificial para una operación autónoma

El proyecto busca que la aeronave pueda realizar sus operaciones con un elevado nivel de autonomía. La inteligencia artificial estaría integrada al sistema de control para permitir que el avión ejecute las misiones programadas y tome decisiones durante el vuelo dentro de los parámetros establecidos. En este tipo de sistemas, la autonomía no significa necesariamente ausencia total de supervisión humana. Una cuestión clave para el desarrollo será determinar qué funciones quedarán automatizadas y cuáles continuarán dependiendo de un operador remoto. También deberán resolverse situaciones como la pérdida de comunicación, cambios meteorológicos, obstáculos, fallas de navegación o emergencias durante el vuelo. Para una aeronave agrícola autónoma de gran porte, estos aspectos son especialmente relevantes porque cualquier falla puede tener consecuencias mucho mayores que en un equipo multirrotor de menor tamaño.

Un proyecto universitario con aplicación comercial

La participación de la UNA constituye otro de los aspectos destacados de la iniciativa. Los estudiantes de Ingeniería Aeronáutica participan en el desarrollo de la aeronave y de sus sistemas. A ellos se suman alumnos vinculados con Electrónica, especialmente en las áreas relacionadas con automatización y control, y estudiantes de Marketing, que trabajan sobre la proyección comercial del proyecto. La articulación entre empresa y universidad busca que el desarrollo no quede limitado a un prototipo experimental, sino que pueda transformarse en una solución comercial para productores y empresas de servicios agrícolas. El modelo previsto contempla incluso una modalidad similar a un servicio de “delivery” de pulverización: trasladar la aeronave al establecimiento productivo y realizar allí las aplicaciones, sin que el productor tenga necesariamente que adquirir el equipo.



La regulación, uno de los grandes desafíos

La incorporación de una aeronave autónoma de gran porte a la agricultura también abre interrogantes regulatorios. Paraguay cuenta con normativa específica para aeronaves pilotadas a distancia y sistemas RPAS, además de disposiciones de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (DINAC) relacionadas con las operaciones de drones y el uso del espacio aéreo. En julio de 2026, la DINAC publicó la Resolución 1049/2026, que establece zonas prohibidas y restringidas para las operaciones de RPA/RPAS en el espacio aéreo paraguayo. La normativa aeronáutica paraguaya contempla además aeronaves destinadas a actividades agrícolas, incluyendo fumigación y espolvoreo.

Sin embargo, un avión agrícola de gran porte operado de manera autónoma plantea un escenario diferente al de un dron convencional. La certificación de la aeronave, la aeronavegabilidad, las condiciones de operación, la supervisión humana, las comunicaciones, los procedimientos de emergencia y la integración segura al espacio aéreo serán aspectos centrales para determinar cómo podrá funcionar comercialmente el sistema.

¿Cuándo estará listo?

El cronograma informado por los responsables del proyecto establece mediados de 2027 como fecha prevista para completar el desarrollo tecnológico. Después de esa etapa, el objetivo es comenzar a prestar servicios en Paraguay y posteriormente analizar la expansión hacia otros mercados de Sudamérica. Por ahora, buena parte de las cifras difundidas —como la superficie diaria de cobertura— corresponden a proyecciones del proyecto y no a resultados operativos consolidados. La realización de vuelos de prueba y, especialmente, de ensayos de pulverización permitirá determinar el rendimiento real de la aeronave. También quedan por precisar aspectos técnicos fundamentales como la capacidad exacta del tanque, la potencia y autonomía del motor, el peso máximo de despegue, la carga útil, el ancho efectivo de trabajo, el caudal de aplicación y los sistemas de navegación y posicionamiento que utilizará.

Más que un dron agrícola

El desarrollo paraguayo plantea una pregunta que excede al proyecto en sí: ¿hasta dónde puede avanzar la automatización de la aviación agrícola? Durante los últimos años, los drones pulverizadores comenzaron a ocupar un espacio cada vez mayor en determinados trabajos agrícolas. El proyecto de Agro IA apunta a llevar esa tendencia hacia una plataforma de ala fija y mayor capacidad. Si logra superar las etapas de desarrollo, certificación y validación operacional, el proyecto podría convertirse en un antecedente relevante para la aviación agrícola regional. La combinación de aeronaves ultraligeras, sistemas autónomos, inteligencia artificial y aplicación agrícola abre así una nueva línea de desarrollo tecnológico en el sector. El verdadero desafío será demostrar que esa autonomía puede traducirse no solo en mayor capacidad de trabajo, sino también en seguridad operacional, precisión de aplicación y viabilidad económica.

 

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