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La empresa que busca dar un salto de calidad en las pulverizaciones terrestres

Aplica Noticias
9 oct
4 min de lectura

Tecnopulverización desarrolló atomizadores rotativos que buscan trasladar a las pulverizadoras terrestres algunas de las características de la aplicación aérea. Gustavo Maciá explicó cómo funciona la tecnología y cómo la llegada de los drones ayudó a instalar en el mercado el concepto de trabajar con bajos volúmenes de aplicación.



Desde Aplica entrevistamos a Gustavo Maciá, propietario de Tecnopulverización, empresa radicada en Laboulaye, Córdoba, que fabrica equipos atomizadores para incorporar a máquinas pulverizadoras terrestres. La propuesta parte de una idea concreta: trasladar al trabajo terrestre algunos de los principios de la atomización utilizada en la aviación agrícola, mediante el desarrollo de atomizadores rotativos que permiten trabajar con bajos volúmenes y modificar las características de la gota sin depender de cambios en la presión del circuito. “Fabricamos equipos atomizadores para poner a las máquinas terrestres, simulando lo que es la atomización que utilizan los aviones. Son atomizadores rotativos”, explicó Maciá. Según el empresario, el sistema permite que la pulverizadora pueda trabajar con un rango de aplicación de entre 5 y 40 litros por hectárea, manteniendo independencia respecto de las revoluciones del motor y de la presión del equipo. “Esto nos permite llevar las máquinas a estar libres de RPM del motor y libres de presión, y poder aplicar desde 5 a 40 litros, con una alta eficiencia y alta calidad en la aplicación”, señaló.

Llevar la calidad de la aplicación aérea al equipo terrestre

El desarrollo de Tecnopulverización nació a partir de una observación sobre las diferencias entre las aplicaciones aéreas y terrestres. Maciá explicó que la empresa busca mejorar la calidad de las aplicaciones terrestres mediante un mayor control sobre la generación y distribución de las gotas. “Nuestra misión es mejorar la calidad de la aplicación terrestre”, sostuvo y agregó que “podíamos observar que la calidad de las aplicaciones aéreas era muy superior a las terrestres”. Para el empresario, la clave está en lograr uniformidad y homogeneidad en el asperjado, además de mantener una adecuada concentración del ingrediente activo mediante el trabajo con bajos volúmenes. “Eso lo logramos teniendo uniformidad, homogeneidad y concentración de activo, uniformidad de gota y homogeneidad en el asperjado de la gota”, explicó. El objetivo, en definitiva, es que la tecnología permita utilizar menor cantidad de agua sin perder calidad en la distribución del producto sobre el objetivo.

Cambiar la gota sin modificar presión ni volumen

Uno de los aspectos que Maciá destaca del sistema es su facilidad de operación. A diferencia de los sistemas convencionales, el operador puede modificar las características de la gota sin tener que realizar ajustes sobre la presión del circuito o modificar el volumen de aplicación. “Tenés la posibilidad de cambiar de gota sin modificar presiones ni volúmenes a aplicar”, destacó. Esta característica busca simplificar la operación y, al mismo tiempo, darle mayor flexibilidad al equipo frente a las distintas necesidades de una aplicación. El empresario reconoce, sin embargo, que incorporar una tecnología diferente implica un proceso de adaptación por parte del mercado. “Como todo cambio de paradigma, si bien el atomizador está validado hoy por hoy, el contacto con los clientes es por medio de las redes, nuestras páginas y por contagio”, explicó. En ese proceso, el uso por parte de los primeros productores y contratistas cumple un papel importante. Según Maciá, a medida que los usuarios incorporan la tecnología y comprueban sus resultados, aumenta la confianza en el sistema.

El efecto inesperado de los drones

La expansión de los drones pulverizadores también produjo un cambio en la percepción del mercado sobre los bajos volúmenes de aplicación. Maciá considera que la llegada de estas máquinas ayudó a que productores y contratistas comenzaran a pensar que era posible realizar aplicaciones utilizando cantidades de agua muy inferiores a las históricamente habituales en las pulverizadoras terrestres. “A partir de que llegó el drone, la gente empezó a entender que los trabajos se podían hacer con 5 litros”, afirmó. La aviación agrícola ya trabajaba desde hacía décadas con bajos volúmenes, pero el empresario considera que los drones aceleraron la discusión dentro del segmento terrestre. “Los aviones hace muchos años que lo hacen, pero las máquinas terrestres tenían volúmenes de aplicación de 100, 270 litros; después 60, y se empezó a buscar bajar”, explicó. La aparición de los drones modificó esa lógica, especialmente porque estas máquinas necesitan optimizar su capacidad operativa para cubrir una mayor superficie. “Para buscarle capacidad operativa, todo el mundo empezó a trabajar mucho sobre el tema de las mezclas, de los caldos, para poder darle productividad”, señaló Maciá. Ese cambio terminó favoreciendo, según su mirada, la aceptación de tecnologías destinadas a trabajar con menores volúmenes. “Eso nos ayudó en algún punto, porque empezaron a entender que se podía aplicar y que las aplicaciones con menos agua son mucho mejores”, sostuvo.

Una convergencia entre tres tecnologías

El desarrollo de Tecnopulverización se ubica en un punto de encuentro entre aviación agrícola, pulverización terrestre y drones. Mientras que los aviones agrícolas llevan décadas utilizando técnicas de aplicación con bajos volúmenes y sistemas de atomización, los drones contribuyeron a instalar ese concepto en el mercado terrestre. Ahora, empresas como Tecnopulverización buscan llevar parte de esa lógica a las pulverizadoras convencionales. La apuesta está puesta en que el volumen de agua deje de ser el principal parámetro para definir la calidad de una aplicación y que ganen protagonismo variables como tamaño de gota, uniformidad, homogeneidad, concentración de ingrediente activo y eficiencia de distribución.

En ese camino, la tecnología desarrollada en Laboulaye busca que una máquina terrestre pueda trabajar con volúmenes de entre 5 y 40 litros por hectárea, utilizando atomización rotativa y con mayor independencia respecto de la presión del sistema. La evolución del mercado muestra así una convergencia tecnológica: lo que la aviación agrícola desarrolló hace décadas y los drones popularizaron en los últimos años empieza a trasladarse también a las máquinas terrestres.

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