El Niño: el gobierno argentino refuerza el monitoreo de riesgos y prepara la respuesta ante posibles emergencias agropecuarias

La AFE y la Secretaría de Agricultura coordinan el seguimiento del fenómeno climático mediante mapas de riesgo, información meteorológica y datos territoriales.
El Gobierno nacional profundiza la coordinación entre los organismos de emergencia y el área agropecuaria para anticipar los posibles impactos de El Niño 2026-2027, en un escenario climático que mantiene en alerta a las autoridades por los riesgos asociados a excesos hídricos, inundaciones y otras contingencias que pueden afectar la producción.
La Agencia Federal de Emergencias (AFE), dependiente del Ministerio de Seguridad Nacional, y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, del Ministerio de Economía, mantuvieron una nueva reunión de trabajo para analizar los escenarios vinculados al fenómeno y fortalecer el intercambio de información para el monitoreo conjunto de emergencias. Durante el encuentro, los funcionarios analizaron la información disponible en el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAME), con especial atención a los mapas de monitoreo, la identificación de zonas potencialmente afectadas y la planificación de medidas para distintos escenarios. La articulación busca integrar información meteorológica, territorial y productiva para anticipar riesgos, identificar recursos disponibles y mejorar la coordinación de las respuestas ante eventuales emergencias agropecuarias.
Un plan federal para anticipar los impactos de El Niño
La coordinación entre organismos nacionales forma parte de una estrategia más amplia. El Ministerio de Seguridad Nacional aprobó en julio de 2026 el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026-2027, orientado a fortalecer la preparación y la respuesta frente a los posibles efectos de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Según informó la Agencia Federal de Emergencias, hasta mediados de octubre se habían realizado 12 instancias de articulación federal. Estas reuniones apuntan a mejorar el intercambio de información entre las distintas jurisdicciones y a coordinar capacidades logísticas y operativas frente a posibles contingencias. En ese marco, la semana pasada se desarrolló en Resistencia, Chaco, un nuevo encuentro regional con representantes de Chaco, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe. También participaron de manera virtual equipos de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Misiones. La reunión contó con la intervención de organismos técnicos, entre ellos el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Instituto Nacional del Agua (INA), además de áreas vinculadas con los recursos hídricos. El objetivo fue evaluar escenarios y fortalecer la coordinación entre Nación y las provincias.

Mapas de riesgo y modelos para identificar zonas vulnerables
Uno de los componentes centrales de la estrategia es el uso de herramientas de monitoreo territorial. El tablero ENOS del SINAME reúne pronósticos, alertas, información hidrometeorológica y datos geográficos para contribuir a la evaluación de escenarios de riesgo. La AFE informó, además, que se desarrollaron modelos de potencial afectación para 18 municipios de seis provincias, a partir de registros históricos de inundaciones. Estos modelos permiten identificar territorios que podrían presentar mayor exposición ante determinados escenarios y constituyen una herramienta para orientar la planificación de las acciones preventivas. Sin embargo, la identificación de zonas potencialmente afectadas no implica que necesariamente se produzcan inundaciones en todos esos lugares. La evolución de las precipitaciones, el comportamiento de los ríos, las condiciones locales y la capacidad de drenaje serán factores determinantes. Para el sector agropecuario, contar con información territorial anticipada puede resultar relevante para evaluar la exposición de establecimientos rurales, caminos, infraestructura productiva y áreas agrícolas o ganaderas.
Agricultura refuerza la información para los productores
Asimismo, la Secretaría de Agricultura también habilitó un espacio específico sobre El Niño 2026-2027 en su sitio web, con información destinada a acompañar las decisiones productivas. La sección reúne informes meteorológicos semanales, recomendaciones del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), información sobre reservas hídricas y evaluaciones de los posibles efectos del fenómeno sobre los cultivos. La disponibilidad de estos datos busca contribuir a que los productores puedan evaluar escenarios, ajustar decisiones de manejo y prepararse ante eventuales cambios en las condiciones climáticas. En este contexto, el monitoreo resulta especialmente importante para las actividades agrícolas y ganaderas expuestas a excesos de precipitaciones, anegamientos, dificultades de acceso a los campos y problemas para la logística de cosecha, transporte y alimentación animal.
Qué advierten los organismos técnicos
El Servicio Meteorológico Nacional informó en sus actualizaciones de octubre que las condiciones del Pacífico ecuatorial corresponden a una fase cálida de fuerte intensidad. Sus proyecciones indicaban una probabilidad muy elevada de continuidad de El Niño durante el trimestre octubre-diciembre de 2026. Este escenario requiere seguimiento, aunque es importante distinguir entre la intensidad del fenómeno oceánico y sus efectos concretos sobre el territorio argentino. El Niño no provoca las mismas condiciones en todas las regiones ni permite anticipar por sí solo dónde se producirán inundaciones o excesos hídricos. Para determinar los impactos regionales es necesario considerar los pronósticos de precipitaciones, la situación de las cuencas y las condiciones locales.
Por su parte, el INTA y el CONICET desarrollaron AgroENSO, una herramienta de acceso libre que permite analizar la relación entre las fases del fenómeno y los rendimientos históricos de seis cultivos: maíz, soja de primera y segunda, trigo, cebada y girasol. La aplicación utiliza información de 35 años de rendimientos para evaluar cómo las distintas fases del ENOS se relacionan con el comportamiento productivo. Se trata de una herramienta de análisis que puede contribuir a la planificación, pero no reemplaza los pronósticos meteorológicos ni garantiza resultados específicos para una campaña. En ganadería, las recomendaciones técnicas ante escenarios de excesos hídricos incluyen identificar terrenos altos, prever alternativas para el traslado de animales, asegurar reservas de forraje y reforzar los controles sanitarios cuando las condiciones ambientales lo requieran.
El desafío: transformar el monitoreo en acciones concretas
La coordinación entre la Agencia Federal de Emergencias y la Secretaría de Agricultura busca fortalecer la preparación frente a un fenómeno que puede tener consecuencias sobre distintas regiones productivas del país. El desafío será convertir la información meteorológica y territorial en decisiones oportunas, con participación de las provincias y de los organismos técnicos. La identificación temprana de áreas vulnerables puede ayudar a organizar recursos y priorizar intervenciones.


