“El dron vino para quedarse”: la batalla que enfrenta a la aviación agrícola uruguaya
Con unas 30 empresas operando en el país, el sector atraviesa un escenario complejo por el clima, la menor actividad agrícola y el crecimiento acelerado de los drones. Juan Chalkling sostiene que el avión mantiene una ventaja decisiva cuando se trata de cubrir grandes superficies en poco tiempo.

La aviación agrícola uruguaya atraviesa un momento de transformación. El clima, la evolución de los cultivos y la llegada cada vez más fuerte de los drones modificaron el escenario para las empresas aeroagrícolas, que buscan nuevas alternativas para sostener la actividad. Juan Chalkling, empresario aeroagrícola de Paysandú e integrante de la Asociación Nacional de Empresas Privadas Aeroagrícolas (ANEPA) de Uruguay, explicó que actualmente trabajan en el país unas 30 empresas del sector. El contexto, según describió, es complejo. Al impacto de la situación climática del último año se sumó el crecimiento acelerado de los drones aplicadores, un actor que, asegura, llegó para quedarse. “Es un actor que vino para quedarse”, afirmó Chalkling. Sin embargo, cuestionó que las condiciones regulatorias no sean equivalentes para ambas actividades. Según señaló, ingresaron alrededor de 3.200 drones a Uruguay, pero solamente unos 300 estarían registrados. Para el empresario, esa diferencia genera una competencia desigual frente a una aviación agrícola que tiene mayores exigencias regulatorias. “Estamos en una desventaja porque tenemos una regulación que a nosotros prácticamente nos está encima y no así en la parte de los drones”, sostuvo.
El arroz, el cultivo que sostiene la actividad
La aviación agrícola uruguaya tiene actualmente una fuerte presencia en el cultivo de arroz, donde existe una demanda más estable. La flota está integrada principalmente por aeronaves turbohélice y algunos aviones a pistón. “El arroz es donde tenemos cierta continuidad”, explicó Chalkling. En otros cultivos, la actividad aérea aparece principalmente como una herramienta de emergencia, especialmente cuando las condiciones del suelo impiden el ingreso de maquinaria terrestre. Esta situación llevó a algunas empresas a buscar nuevas unidades de negocio, entre ellas el combate de incendios. “Algunas empresas han buscado en la parte de combate de incendio tratar de hacer una conversión para llenar ese espacio”, señaló.
Aviones agrícolas contra el fuego
Uruguay también comenzó a desarrollar una estrategia en la que los aviones agrícolas tienen un papel en el combate de incendios forestales. Chalkling recordó que el sistema tomó impulso después de grandes incendios que afectaron áreas importantes del país.
En ese proceso comenzaron a utilizarse aeronaves como los AT-402 y AT-502, complementadas por otra aeronave destinada a realizar enlaces entre pistas y una unidad terrestre que permanece de guardia durante los meses de verano. La incorporación de estas capacidades permitió que parte de las empresas aeroagrícolas encontrara una actividad complementaria para sus aeronaves, especialmente durante los períodos en los que cae la demanda de aplicaciones agrícolas.
El escenario que puede abrir El Niño
La evolución climática también puede modificar las perspectivas para el sector. Para Chalkling, un escenario de El Niño genera expectativas positivas para la aviación agrícola porque puede aumentar la necesidad de realizar aplicaciones en momentos en los que los equipos terrestres tienen dificultades para ingresar a los lotes. Después de un frente o de una lluvia importante, explicó, suele producirse una ventana de condiciones favorables para realizar aplicaciones aéreas. “Generalmente, ¿qué es lo que ocurre? Después de una entrada, un frente o una lluvia grande, hay calma, y entonces ahí tenemos la capacidad de hacer, por la herramienta del bajo volumen o ultra bajo volumen, muchas hectáreas por vuelo”, explicó. En ese contexto, el objetivo es aprovechar esas ventanas operativas para cubrir grandes superficies en pocas horas. Chalkling estimó que un avión turbo puede llegar a realizar entre 1.500 y 2.000 hectáreas en un día, dependiendo de las características de los campos y de la cantidad de pasadas necesarias. “Una vez que está sembrado el cultivo, hay que protegerlo, y ahí es donde entran”, sostuvo.
El límite del dron: la escala
Chalkling no desconoce las ventajas de los drones. Por el contrario, considera que tienen un lugar definido dentro del sistema de aplicaciones, especialmente en determinadas situaciones y superficies. “El dron es una herramienta perfecta, donde viene a llegar y tiene una franja de cultivo donde es apta para él”, afirmó. El problema aparece, según su mirada, cuando la superficie aumenta y la aplicación debe realizarse en un período muy corto. “Cuando se trata de cubrir grandes áreas, en poco tiempo, ahí es donde queda un poco afuera”, planteó. Para el empresario uruguayo, además, existe una diferencia logística que suele quedar en segundo plano en la comparación entre tecnologías. Aunque el dron no depende directamente del estado del suelo para desplazarse, necesita acceder físicamente al lote para cargar agua y producto y continuar trabajando. “El dron, si bien es independiente del suelo, no es independiente del acceso”, remarcó. Ese aspecto puede convertirse en una limitante cuando se pretende utilizar varios equipos para cubrir superficies extensas. La logística necesaria para movilizar, cargar y operar una flota de drones puede crecer rápidamente.
Por eso, Chalkling considera que el avión agrícola conserva una ventaja cuando el objetivo es realizar muchas hectáreas en poco tiempo y con una logística relativamente concentrada.
La discusión, en ese sentido, no parece plantearse simplemente como avión versus dron. Para el sector aeroagrícola uruguayo, cada tecnología tiene una escala y un escenario de uso diferente. El desafío pasa ahora por definir cómo convivirán esas herramientas y, sobre todo, bajo qué reglas competirán. Mientras los drones siguen ganando presencia en las chacras uruguayas, los operadores aeroagrícolas buscan demostrar que el avión todavía tiene un papel difícil de reemplazar cuando la superficie, la velocidad de trabajo y la oportunidad de aplicación son determinantes.


