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El dron como servicio: la estrategia de México para democratizar la agricultura de precisión

Aplica Noticias
29 sept
4 min de lectura

El Gobierno de Puebla incorporó 78 drones a un programa que también cuenta con 220 tractores, maquinaria especializada e implementos agrícolas. Las aeronaves ya pulverizan cultivos y realizan mapeos de lotes.


Un dron sobrevolando un cultivo ya no es una imagen asociada únicamente a grandes empresas agropecuarias o productores con capacidad para invertir en tecnología. En Puebla, México, el Gobierno estatal está probando otro camino: convertir la tecnología de precisión en un servicio público para los productores. La experiencia forma parte del programa Seguridad para el Campo, que durante 2026 incorporó un parque de 220 tractores, 78 drones, 13 equipos de maquinaria especializada y 1.513 implementos agrícolas, destinados a atender las 31 microrregiones del estado. La tecnología aérea ya tiene trabajo concreto. En septiembre, drones agrícolas pulverizaron 20 hectáreas de amaranto en San Jerónimo Tecuanipan y realizaron el mapeo de otras 20 hectáreas para obtener información precisa del terreno. No se trata, por lo tanto, solamente de reemplazar una aplicación terrestre por una aérea. El programa empieza a combinar dos capacidades centrales de la agricultura de precisión: aplicar insumos de manera dirigida y generar información sobre el lote.

78 drones para un mismo objetivo: bajar la barrera tecnológica

La decisión de Puebla tiene una particularidad que merece atención: el productor no necesita ser propietario del dron. El Gobierno estatal presta los servicios de maquinaria y tecnología a pequeños productores, de manera gratuita, como parte de su estrategia de mecanización y tecnificación del campo. Ese esquema modifica una de las preguntas habituales alrededor de la adopción de drones agrícolas. La discusión ya no es solamente cuánto cuesta comprar una aeronave, cuánto vale una batería adicional o qué capacidad de carga necesita un equipo. La pregunta pasa a ser otra: ¿cómo puede acceder a la tecnología un productor que no tiene escala suficiente para justificar la inversión? Puebla responde, al menos por ahora, con un modelo de servicio. El Estado concentra la inversión en equipos y operadores y lleva esa capacidad a las distintas regiones productivas. Para el agricultor, el dron aparece como una herramienta disponible cuando el cultivo lo necesita, sin convertirse necesariamente en un activo que deba adquirir y mantener.



Del amaranto a la caña: los drones ya están trabajando

En Tepeojuma, drones agrícolas fueron utilizados previamente para realizar aplicaciones sobre 60 hectáreas de caña de azúcar. De acuerdo con el Gobierno de Puebla, el objetivo fue realizar una aplicación de precisión, reducir los tiempos de trabajo y optimizar el uso de insumos. La diferencia entre ambos casos resulta interesante. En la caña, el dron aparece principalmente como una herramienta de aplicación. En el amaranto, el programa incorpora además una segunda función: el relevamiento del terreno. Ese segundo uso es el que puede tener mayor recorrido tecnológico.

El verdadero valor puede estar en los datos

Un dron agrícola puede transportar un tanque y realizar una aplicación, pero también puede convertirse en una plataforma de captura de información. El mapeo permite construir una representación digital del lote y, dependiendo de los sensores utilizados y del procesamiento posterior, detectar diferencias dentro de una misma superficie. Esa información puede utilizarse para tomar decisiones más específicas sobre aplicaciones, manejo y seguimiento del cultivo. El salto conceptual es importante: el dron deja de ser solamente una máquina que vuela y pasa a formar parte de un sistema de datos que, para la agricultura de precisión, esa diferencia es fundamental. La aplicación localizada puede reducir recorridos, tiempos y consumo de producto, pero cuando esa aplicación se combina con información espacial del cultivo, se abre la posibilidad de decidir dónde intervenir, cuándo hacerlo y con qué intensidad.

Un parque de maquinaria que también vuela

La otra particularidad del programa poblano es que los drones no aparecen como una política tecnológica aislada, sino que forman parte de una estrategia de mecanización más amplia. En septiembre, los equipos estatales realizaron trabajos sobre más de 130 hectáreas en una semana, combinando maquinaria terrestre y drones. Los tractores se utilizaron principalmente para tareas como barbecho y rastreo, mientras que las aeronaves se incorporaron a las tareas de tecnificación. La lógica es sencilla: llevar al mismo territorio distintas herramientas que normalmente están disponibles de manera separada.

¿Puede funcionar este modelo en América Latina?

En América Latina, la agricultura de precisión avanzó con mayor velocidad en establecimientos de escala media y grande, donde la inversión en maquinaria, sensores, conectividad y software puede amortizarse sobre grandes superficies. El desafío sigue siendo cómo llevar esas herramientas a productores de menor escala. El modelo mexicano plantea una alternativa: no necesariamente democratizar la propiedad de la tecnología, sino democratizar el acceso a sus servicios. De la misma manera que un productor no necesita fabricar su propio tractor para utilizar maquinaria agrícola, tampoco necesariamente debería necesitar comprar un dron para acceder a una aplicación de precisión o a un relevamiento aéreo. El Estado, una cooperativa, una empresa de servicios o una organización de productores pueden concentrar la inversión y ofrecer la capacidad tecnológica bajo demanda.

El próximo desafío: pasar del dron al sistema

Puebla todavía está en una etapa inicial y será necesario medir los resultados productivos y económicos del programa para determinar hasta qué punto las promesas de reducción de costos y aumento de productividad se materializan en el campo. Pero la dirección resulta clara. Los 78 drones no son la noticia por sí mismos. La noticia es que un gobierno está intentando integrar maquinaria, aeronaves no tripuladas, aplicaciones de precisión y captura de datos dentro de un mismo servicio destinado a productores. El verdadero salto de la agricultura de precisión no ocurre cuando un dron despega, sino cuando los datos obtenidos desde el aire terminan convertidos en una decisión agronómica concreta. Si ese proceso puede ofrecerse como servicio a miles de productores que no podrían comprar la tecnología por su cuenta, Puebla podría estar ensayando una de las preguntas más importantes para el futuro de la agricultura latinoamericana: ¿cómo hacemos que la agricultura de precisión sea accesible, además de posible?

 


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