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Drones para recuperar el bosque chaqueño: ya fueron plantados más de 100.000 árboles nativos

Foto del escritor: Florencia Lucero Heguy
Florencia Lucero Heguy
hace 1 día
4 min de lectura

Un proyecto de restauración en el Gran Chaco argentino combinó producción agropecuaria, tecnología y conservación. Más de 100.000 árboles nativos fueron incorporados en 367 hectáreas de Santa Fe, Santiago del Estero y Chaco. Parte de las semillas fueron distribuidas mediante drones.



La tecnología que durante los últimos años transformó la agricultura de precisión empieza a encontrar nuevos usos fuera del lote productivo. En el Gran Chaco argentino, drones que habitualmente asociamos con aplicaciones, relevamientos y manejo de cultivos fueron incorporados a un proyecto de restauración de bosques nativos que ya permitió plantar más de 100.000 árboles. La iniciativa es impulsada por The Nature Conservancy (TNC), con apoyo de John Deere y participación de productores, instituciones académicas y organizaciones especializadas. El objetivo es recuperar sectores degradados y, al mismo tiempo, conectar fragmentos de bosque nativo que quedaron aislados dentro de paisajes donde conviven agricultura y ganadería.

En total, el proyecto alcanzó unas 367 hectáreas restauradas en establecimientos de Santa Fe, Santiago del Estero y Chaco. Cerca del 80% de los ejemplares corresponde a algarrobo blanco (Neltuma alba), una especie adaptada a las condiciones del Chaco Seco.

Del lote productivo al bosque

La propuesta parte de una premisa cada vez más presente en los sistemas agropecuarios: producción y conservación no necesariamente tienen que desarrollarse en espacios separados. Los campos seleccionados fueron evaluados mediante visitas, imágenes satelitales y análisis de sus características productivas y ambientales. A partir de ese diagnóstico se identificaron sectores donde la restauración podía generar beneficios tanto ecológicos como productivos. Los árboles fueron implantados durante las primaveras de 2024 y 2025. Según los datos difundidos por las organizaciones participantes, la supervivencia se ubicó cerca del 90%, aunque el desafío de fondo será sostener esa tasa a medida que las plantas atraviesen sus primeros años de desarrollo. Además de los beneficios ambientales, la incorporación de árboles puede generar impactos concretos sobre los sistemas ganaderos. La generación de sombra, por ejemplo, puede ayudar a disminuir el estrés térmico del rodeo, especialmente en una región donde las altas temperaturas constituyen una de las principales limitantes productivas.

Sembrar con drones

Uno de los aspectos más innovadores del proyecto fue la utilización de drones para realizar siembra aérea de especies nativas. El sistema desarrollado junto con ReForest Latam permite dispersar cápsulas biodegradables que contienen semillas en áreas previamente seleccionadas. La tecnología abre una alternativa para llegar a sectores donde la plantación convencional puede resultar más compleja y permite pensar en intervenciones de mayor escala. El concepto resulta especialmente interesante para el sector de la agricultura de precisión: la misma lógica utilizada para definir dónde, cuándo y cuánto aplicar sobre un cultivo puede trasladarse a una estrategia de restauración. Antes de la intervención se identifican las áreas y se analiza su aptitud. Luego se define la distribución de las semillas y se realiza la dispersión mediante drones. Finalmente, el proceso requiere seguimiento, monitoreo y, cuando es necesario, reposición de ejemplares. No se trata solamente de “tirar semillas desde el aire”. La efectividad de una restauración depende de múltiples variables: la especie utilizada, las condiciones de humedad, el momento de implantación, las características del suelo, la distribución y el seguimiento posterior.

El algarrobo como protagonista

El algarrobo blanco ocupa un lugar central en la iniciativa. Aproximadamente ocho de cada diez árboles plantados pertenecen a esta especie. Su adaptación a las condiciones del Chaco Seco fue uno de los factores considerados para seleccionarlo. Además, su presencia puede aportar sombra, favorecer la recuperación de los suelos y contribuir a generar refugio y alimento para distintas especies de fauna. En los sistemas ganaderos, la presencia de árboles también puede convertirse en una herramienta de adaptación frente a temperaturas cada vez más elevadas. Por eso, el proyecto busca que la restauración no sea entendida únicamente como una acción ambiental, sino también como una intervención que puede integrarse a sistemas productivos.

Una cadena que empieza mucho antes del drone

La restauración involucra una cadena mucho más amplia que la tecnología utilizada para la siembra. Optimizar Forestal aportó alrededor de 80.000 árboles destinados a establecimientos de Santa Fe y Santiago del Estero, mientras que la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero produjo otros 20.000 ejemplares nativos en su vivero. Las cuadrillas llegaron a plantar hasta 2.500 árboles por jornada. Los productores participantes, además, asumieron compromisos vinculados con la protección y el mantenimiento de los ejemplares durante su crecimiento. Es decir, detrás del dato de los 100.000 árboles hay viveros, conocimiento forestal, productores, trabajadores, imágenes satelitales, monitoreo y tecnología y también una pregunta central para el futuro: cómo llevar este tipo de experiencias desde proyectos puntuales hacia escalas mucho mayores.

¿Una nueva función para la tecnología agropecuaria?

La experiencia del Gran Chaco plantea un escenario interesante para la agricultura de precisión y, particularmente, para la actividad aérea. Los drones ya son utilizados en el agro para relevar lotes, detectar problemas, generar mapas y realizar aplicaciones en determinados contextos. La restauración abre ahora otra posibilidad: utilizar esa misma tecnología para recuperar ambientes degradados. La pregunta es hasta dónde puede llegar esa integración. ¿Podrán los drones sembrar miles de hectáreas de especies nativas? ¿Qué lugar podrían ocupar las aeronaves agrícolas convencionales en programas de restauración a mayor escala? ¿Qué parámetros deberían incorporarse para evaluar la eficiencia de una siembra aérea de especies forestales? ¿Puede la experiencia acumulada por la agricultura de precisión convertirse en una herramienta para servicios ambientales? El proyecto todavía está en una etapa temprana y la verdadera medida del éxito estará en la supervivencia y desarrollo de los árboles durante los próximos años. Pero la experiencia ya deja una señal: la tecnología desarrollada para hacer más eficiente la producción agropecuaria también puede convertirse en una herramienta para restaurar el paisaje productivo.

En el Gran Chaco, el desafío será ahora demostrar que esos primeros 100.000 árboles pueden transformarse en algo mucho más grande: nuevos corredores de bosque nativo integrados a un territorio donde producción y conservación tengan cada vez más puntos de encuentro.

 


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