Colombia busca hacer rentable el arroz y la tecnología aérea entra en la discusión
El Gobierno prepara un nuevo modelo productivo para 2027 frente a los problemas de costos y productividad. Fedearroz avanza con drones para monitoreo y aplicaciones, mientras la aviación agrícola mantiene su lugar en el manejo de grandes superficies.

La discusión sobre el futuro del arroz en Colombia ya no pasa solamente por cuánto se siembra o cuánto se importa. El desafío que plantea el Gobierno para 2027 apunta a transformar la estructura productiva para mejorar la rentabilidad, la productividad y la competitividad de la cadena, en un escenario marcado por altos costos, problemas de comercialización y diferencias importantes de productividad entre regiones.
El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural anunció la construcción de un nuevo modelo productivo para 2027, que busca integrar financiamiento, producción, transformación y comercialización. El objetivo declarado es abordar problemas estructurales de la cadena, entre ellos la ineficiencia, las fluctuaciones de precios y el contrabando.
El debate también llegó a la relación entre los recursos destinados al sector y los resultados obtenidos. En una carta enviada a la Junta Directiva de Fedearroz, el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, señaló que durante los últimos 15 años las subastas de importación de arroz provenientes de Estados Unidos habrían generado cerca de US$89,5 millones, mientras que el recaudo de la cuota parafiscal habría superado los US$79,2 millones. El funcionario reclamó que esos recursos se traduzcan en resultados concretos para los productores. La situación es particularmente sensible en algunas zonas del país. Productores del Caribe plantearon ante el Ministerio problemas relacionados con semillas certificadas, disponibilidad de agua, costo de la tierra, altos costos de producción, acceso al crédito y comercialización, factores que condicionan la rentabilidad del cultivo. En ese escenario, la tecnología comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante.
Drones para producir con mayor precisión
Fedearroz viene desarrollando distintas experiencias con drones dentro de su programa de adopción tecnológica AMTEC, utilizando estas aeronaves tanto para aplicaciones como para monitoreo de los cultivos. Una de las experiencias más recientes se realizó en Granada, Meta, donde la Federación presentó el DJI Agras T100 para tareas de aspersión y manejo fitosanitario y el DJI Mavic 3 Multiespectral para monitorear crecimiento, sanidad y desarrollo del arroz mediante imágenes RGB e índices de vegetación como NDVI. La combinación de ambas herramientas plantea un cambio en la manera de manejar el cultivo: un equipo puede generar información sobre el estado de las plantas y detectar diferencias dentro del lote, mientras otro puede utilizar esa información para realizar aplicaciones. La agricultura de precisión permite así pasar de una estrategia uniforme a una gestión más diferenciada de los lotes, con el objetivo de optimizar el uso de insumos, mejorar la toma de decisiones y reducir costos. Fedearroz también viene realizando capacitaciones específicas sobre aplicaciones de herbicidas con drones. En Tierralta, por ejemplo, se evaluaron componentes del equipo, tanques, boquillas, filtros, preparación de mezclas, pilotaje y distribución del producto. La Federación destaca entre los beneficios potenciales una mayor eficiencia, menor tiempo de aplicación y reducción de la carga de agroquímicos.
Cabe destacar que, en distintas regiones arroceras colombianas se vienen realizando pruebas para determinar volumen, altura de aplicación, características de las mezclas y uso de coadyuvantes, aspectos fundamentales para que un dron pueda entregar una aplicación agronómicamente eficiente.
De la aplicación al diagnóstico
Uno de los cambios más importantes es que el dron ya no se limita a ser considerado una herramienta para pulverizar. Los equipos equipados con sensores y cámaras multiespectrales permiten generar información sobre el estado del cultivo y elaborar mapas que pueden utilizarse para identificar problemas de nutrición, malezas o sanidad.
Fedearroz viene trabajando con esta tecnología desde hace años y señala que los vuelos planificados permiten obtener información del lote para generar mapas de diagnóstico nutricional, infestación de malezas y estado fitosanitario, facilitando posteriormente manejos dirigidos. En términos económicos, esa información puede ser tan importante como la aplicación misma: detectar antes un problema puede permitir intervenir solamente donde es necesario, evitando tratamientos generalizados.
¿Dónde entran los aviones agrícolas?
La incorporación de drones no significa necesariamente el reemplazo de la aviación agrícola tradicional. En un sistema productivo de grandes superficies, el avión continúa teniendo una ventaja operacional vinculada con la capacidad de cubrir grandes extensiones rápidamente, mientras que los drones ofrecen nuevas posibilidades para tratamientos localizados, lotes de menor superficie, sectores de difícil acceso o intervenciones que requieren precisión. La tendencia apunta, por lo tanto, hacia una convivencia de tecnologías en la que cada herramienta cumpla una función determinada.
El desafío será definir cuándo conviene utilizar avión, dron o maquinaria terrestre, considerando superficie, estado del cultivo, condiciones meteorológicas, objetivo agronómico y costo por hectárea. La discusión tecnológica también obliga a prestar atención a la calidad de aplicación. Fedearroz viene señalando que la incorporación de drones requiere validar dosis y técnicas específicas, además de capacitar a quienes operan los equipos. En una demostración con un DJI Agras T40, por ejemplo, la Federación destacó la necesidad de ajustar dosis y técnicas de aplicación a las características de esta tecnología.

El desafío para 2027
El Gobierno colombiano pretende que el nuevo modelo productivo para 2027 integre a productores, industria, comercializadores y consumidores. Pero para que ese modelo se traduzca en mayor rentabilidad, uno de los puntos centrales será producir más eficientemente y controlar los costos. En ese escenario, drones, sensores, imágenes multiespectrales y aviación agrícola pueden convertirse en herramientas para atacar una parte concreta del problema: hacer más eficiente cada intervención sobre el cultivo. La tecnología, sin embargo, no resolverá por sí sola los problemas estructurales del arroz. El acceso al agua, la semilla certificada, el crédito, los costos de producción y la comercialización seguirán siendo determinantes. Lo que sí puede cambiar es la forma en que se toman las decisiones dentro del lote.
El arroz colombiano enfrenta el desafío de producir más y mejor, pero también de hacerlo con una estructura de costos que permita sostener la actividad y, en esa ecuación, la agricultura de precisión —desde el monitoreo con drones hasta las aplicaciones aéreas— empieza a dejar de ser una herramienta experimental para convertirse en parte de la estrategia de competitividad del sector.


