Colombia actualizó normativas para controlar plagas

La normativa contempla vigilancia fitosanitaria, manejo integrado y condiciones para el uso de insecticidas, con especial atención al registro de los productos y la calidad de las aplicaciones.
Colombia actualizó las medidas fitosanitarias para enfrentar una plaga que representa un riesgo para la producción de papa y otras especies de la familia de las solanáceas. A través de la Resolución 00020057 de 2026, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) estableció nuevas disposiciones para prevenir, vigilar y controlar el insecto Bactericera cockerelli y los patógenos asociados con las enfermedades conocidas como Punta Morada de la Papa y Zebra Chip. La norma reemplaza las disposiciones establecidas en 2021 y busca fortalecer la detección temprana, el manejo de la plaga y las medidas de prevención para reducir su dispersión. El alcance incluye cultivos de papa, tomate, tomate de árbol, uchuva, berenjena, tabaco, pimentón y otras solanáceas, especies que tienen importancia económica para distintas regiones productivas colombianas.
Insecticidas registrados y calidad de aplicación
Uno de los aspectos relevantes para el sector de los insumos agrícolas es el uso de productos fitosanitarios bajo las condiciones de autorización correspondientes. La resolución establece que los productos empleados para el control químico deben contar con registro vigente del ICA para el cultivo en el que se utilizarán, respetando las condiciones de uso aprobadas y las indicaciones de sus etiquetas. La estrategia no se limita a la aplicación de insecticidas. La normativa contempla un enfoque de manejo integrado que combina la vigilancia de las poblaciones del insecto, la detección de síntomas, las medidas preventivas y las intervenciones de control cuando corresponda.
En ese esquema, la calidad de aplicación es un factor relevante. La calibración de los equipos, la selección de las boquillas y la cobertura del follaje contribuyen a mejorar la distribución del producto sobre el cultivo y a lograr que el tratamiento alcance las zonas donde se encuentra la plaga. La rotación de ingredientes activos con diferentes mecanismos de acción también forma parte de las recomendaciones para el manejo químico. Esta práctica busca reducir la presión de selección que favorece la aparición de poblaciones resistentes, siempre de acuerdo con los productos autorizados y las recomendaciones técnicas aplicables.
Monitoreo para detectar la plaga a tiempo
Bactericera cockerelli, conocido como psílido de la papa o paratrioza, es un insecto que puede transmitir agentes asociados con enfermedades que afectan a las solanáceas. La Punta Morada de la Papa está relacionada con alteraciones en el desarrollo de las plantas y los tubérculos, mientras que Zebra Chip puede provocar defectos internos que afectan la calidad comercial de la papa y su aptitud para el procesamiento industrial. Por eso, el ICA refuerza la importancia de las inspecciones periódicas de los cultivos, la identificación de los distintos estadios del insecto y el seguimiento de síntomas compatibles con las enfermedades. Entre las herramientas de vigilancia se encuentran las trampas amarillas adhesivas, que permiten monitorear la presencia de adultos y aportar información para decidir cuándo y dónde intervenir. La detección de ejemplares o síntomas sospechosos permite activar medidas de control y reducir el riesgo de dispersión. La norma también contempla disposiciones para el manejo del material vegetal y su movilización en función de las condiciones fitosanitarias.

Un desafío para el manejo integrado de plagas
La actualización normativa se produce en un contexto de vigilancia sobre la expansión del insecto en distintas zonas productivas de Colombia. En 2026, el ICA informó detecciones de Bactericera cockerelli en municipios de Boyacá y antecedentes de presencia en Nariño y Cauca. Estos registros refuerzan la importancia del monitoreo y de las medidas preventivas para evitar que la plaga se establezca en nuevas áreas. Para el mercado de insumos agrícolas, el escenario pone en primer plano la necesidad de articular el diagnóstico fitosanitario con la elección del producto, la oportunidad del tratamiento y la tecnología utilizada para aplicarlo.
La eficacia de un insecticida no depende únicamente de su ingrediente activo: también intervienen la identificación correcta de la plaga, el momento de aplicación, la cobertura alcanzada y el cumplimiento de las condiciones de uso autorizadas.
En este contexto, la calibración de pulverizadoras y la selección adecuada de los parámetros operativos adquieren relevancia dentro de los programas de manejo integrado. Las tecnologías de aplicación de precisión pueden contribuir a mejorar la ejecución de los tratamientos, siempre que se utilicen equipos y productos autorizados y se respeten las indicaciones técnicas correspondientes.
El desafío es combinar productos autorizados, monitoreo sistemático y aplicaciones correctamente ejecutadas para reducir el impacto de la plaga y preservar la eficacia de las herramientas disponibles para su control.


