Más agua, más malezas: las claves para manejar los lotes en un año Niño

Especialistas del INTA advierten sobre el crecimiento de las malezas, el comportamiento de los herbicidas y la necesidad de intensificar el monitoreo y planificar las aplicaciones.
La campaña agrícola 2026/27 se desarrolla bajo la influencia del fenómeno El Niño, con perspectivas de precipitaciones normales o superiores a lo normal en Entre Ríos durante el trimestre octubre-diciembre. Este escenario podría favorecer el desarrollo de los cultivos, pero también generar condiciones propicias para la emergencia y el crecimiento de malezas, lo que exige ajustar las estrategias de manejo en los lotes. Ana Wingeyer, especialista del INTA Paraná, señaló que estas perspectivas climáticas implican una mayor probabilidad de disponibilidad hídrica para la región, un factor que puede beneficiar tanto a los cultivos como a las poblaciones de malezas. Sin embargo, aclaró que los pronósticos estacionales permiten anticipar el contexto climático general, pero no determinar cuándo se producirá una lluvia ni cuál será su intensidad o duración. Por eso, recomendó complementar esa información con pronósticos diarios y semanales y sistemas de alerta temprana.
Más humedad, mayor presión de las malezas
Las condiciones previstas pueden extender los períodos de emergencia de malezas y dificultar su control. Javier Crespo, especialista en manejo integrado de malezas del INTA Paraná, explicó: “Estas condiciones favorecen la germinación, emergencia, establecimiento y crecimiento de nuevas cohortes, prolongando los períodos de infestación y control”. Además de favorecer la aparición de nuevas plantas, una mayor disponibilidad de agua puede incrementar la biomasa de las malezas ya establecidas y su capacidad de competir con los cultivos por recursos esenciales, como agua, radiación y nutrientes. Frente a este panorama, el especialista advirtió que el aumento de la disponibilidad hídrica no implica necesariamente realizar más aplicaciones, sino mejorar la precisión de las decisiones agronómicas. “El monitoreo debe intensificarse para registrar especies, densidad, tamaño, estado fenológico y distribución espacial, lo que permite priorizar lotes y anticipar los flujos de emergencia”, explicó Crespo. El diagnóstico temprano resulta fundamental para definir las intervenciones según las características de cada lote, identificar los sectores con mayor presión de malezas y aprovechar las ventanas de control disponibles.
El comportamiento de los herbicidas y el riesgo de lluvias
La disponibilidad de agua también modifica el comportamiento de los herbicidas en el sistema suelo-planta. Factores como la solubilidad del producto, su adsorción al suelo, el contenido de materia orgánica, la textura, la persistencia y la movilidad del ingrediente activo influyen en su eficacia y en el riesgo de desplazamiento. Por eso, la elección del herbicida debe contemplar tanto su efectividad sobre las especies objetivo como su comportamiento en el suelo. “El conocimiento y el criterio del profesional de la agronomía y la información disponible en el marbete del herbicida debe ser la referencia para definir dosis de uso, el momento y las condiciones de aplicación”, detalló Crespo. En este contexto, la planificación de los tratamientos debe considerar también las precipitaciones previstas y el tiempo necesario para que el producto sea absorbido. Una lluvia temprana puede reducir la eficacia de determinadas aplicaciones, según las características del herbicida y las condiciones de uso indicadas en su marbete.
Aplicaciones aéreas y drones, como herramientas complementarias
Las lluvias frecuentes también pueden limitar el ingreso de maquinaria terrestre a los lotes, debido a la falta de piso y al riesgo de compactación y deterioro de la estructura del suelo. Ante estas restricciones, Crespo recomendó modificar el criterio de planificación de las labores. En lugar de evaluar únicamente cuándo ingresar al lote, planteó determinar qué intervención puede generar el mayor beneficio agronómico dentro de la próxima ventana operativa disponible. En ese esquema, las aplicaciones aéreas y los drones pulverizadores pueden funcionar como herramientas complementarias en sectores específicos, cuando las condiciones del terreno dificultan el tránsito de equipos terrestres. La decisión debe contemplar las características del lote, el estado de las malezas, las condiciones meteorológicas y los requerimientos técnicos de cada tratamiento.
Una estrategia integrada para la campaña 2026/27
El manejo de malezas en un escenario de mayor disponibilidad hídrica requiere una estrategia que combine distintas herramientas. Entre las prácticas recomendadas se encuentran la rotación de cultivos, los cultivos de cobertura, las prácticas culturales y la rotación de mecanismos de acción de herbicidas. El objetivo es reducir la presión de selección que favorece la aparición y expansión de poblaciones resistentes, al tiempo que se mejora la eficiencia de los controles. En definitiva, las perspectivas climáticas para Entre Ríos plantean un escenario que demanda mayor seguimiento de los lotes y una planificación flexible de las labores. La combinación de información meteorológica, monitoreo de malezas y diagnóstico profesional será clave para aprovechar las ventanas de intervención, preservar la estructura del suelo y proteger el potencial de rendimiento de los cultivos.


