Chile se prepara para una nueva temporada de incendios con 150 aeronaves y más tecnología
El país despliega cerca de 150 aeronaves durante la temporada de incendios y concentra más del 60% de estos recursos en la macrozona sur. Desde el sector forestal advierten además sobre el aumento de incendios provocados por rayos y analizan el futuro uso de drones para el combate directo.

Chile enfrenta cada temporada de incendios forestales con un amplio despliegue de medios aéreos y terrestres, en un escenario que suma nuevos desafíos asociados a las condiciones climáticas. La coordinación entre organismos públicos, empresas forestales y Bomberos resulta clave para responder a los focos y proteger tanto las plantaciones como las zonas pobladas. José Ignacio Bascuñán, especialista en combate de incendios forestales de CMPC, explicó que una de las herramientas utilizadas en Chile son los aviones de coordinación, cuya función es ordenar el despliegue de los distintos recursos que llegan a cada emergencia. “En Chile están operando cerca de 140, 150 aeronaves que todos los años combaten desde la 4º a la 12º región”, señaló Bascuñán. Una parte significativa de esa capacidad se concentra en la macrozona sur, que comprende cuatro regiones y reúne más del 60% de las aeronaves destinadas al combate. El dispositivo incluye aviones Air Tractor 802, además de aeronaves de mayor capacidad operadas por organismos estatales. Entre ellas se encuentra el C-130, que puede realizar descargas de hasta 12.000 litros. A esto se suman helicópteros de distintas categorías, desde unidades medianas hasta aeronaves pesadas y de gran porte.
Un combate combinado desde el aire
Para esta temporada, CMPC decidió reforzar su estrategia mediante un esquema de combate mixto, que combina aeronaves de ataque con helicópteros destinados al traslado de brigadistas. “Este año apostamos a un combate mixto, ocho aviones, diez aviones de combate y ocho helicópteros medianos”, explicó Bascuñán. La estrategia busca que las brigadas puedan llegar rápidamente al incendio y que posteriormente los helicópteros apoyen las operaciones aéreas. El objetivo es combinar la llegada de personal al terreno con la capacidad de realizar descargas sobre los focos. En paralelo, la tecnología de drones comienza a ocupar un lugar dentro de las tareas de vigilancia y detección, aunque todavía no participa directamente del ataque aéreo.
Drones, por ahora fuera del combate directo
Bascuñán explicó que la normativa chilena actualmente limita el uso de drones junto con las aeronaves que participan del combate de incendios. “Los drones no los estamos utilizando en incendio porque nuestra legislación no lo permite”, señaló. Sin embargo, la tecnología ya tiene aplicaciones durante la noche y en tareas de monitoreo. La empresa utiliza drones para detectar focos, medir superficies afectadas y confirmar activaciones, entre otras funciones. “Todavía no tenemos un combate con drones y estamos viendo distintas alternativas para poderlos incorporar dentro del combate, pero esto va a ser más lento por todos los temas legislativos”, agregó. La eventual incorporación de drones al ataque directo requeriría, por lo tanto, cambios regulatorios y protocolos que permitan su operación conjunta con aeronaves tripuladas.
Menos precipitaciones y más combustible disponible
El escenario climático constituye otro de los factores de preocupación para la próxima temporada. Bascuñán señaló que el fenómeno de El Niño ha tenido impacto sobre las precipitaciones durante el invierno y que la menor disponibilidad de agua puede traducirse en una mayor cantidad de material vegetal seco disponible para arder durante los meses más cálidos. “Esto, como consecuencia, va a tener gran cantidad de combustible fino muerto que sí o sí va a estar seco en enero y febrero”, advirtió.

A este escenario se suman las tormentas secas, capaces de generar descargas eléctricas sin precipitaciones suficientes para evitar la propagación del fuego. Según los datos aportados por Bascuñán, durante la última temporada alrededor del 10% de los incendios registrados por CMPC se originaron por rayos. “De los 360 que tiene CMPC, un 10 por 100 de estos han sido por rayos, cosa que no ocurría antiguamente”, sostuvo. El especialista explicó que históricamente los incendios provocados por rayos representaban una proporción mucho menor y se concentraban principalmente en sectores de alta cordillera. “Nosotros no estábamos acostumbrados a tener incendios por rayo. Habitualmente tenemos una intencionalidad alta y también un inicio de forma negligente”, explicó. Entre las causas negligentes mencionó situaciones como colillas arrojadas desde vehículos, quemas o encendidos de fuego y otras actividades humanas que pueden derivar en la propagación de incendios. El cambio observado en los últimos años supone un nuevo desafío para los sistemas de detección y respuesta, especialmente cuando las tormentas generan múltiples focos en poco tiempo.
Coordinación entre empresas, Gobierno y Bomberos
El combate de incendios forestales en Chile también se apoya en un esquema de coordinación entre el sector público, las empresas forestales y los cuerpos de emergencia. Bascuñán explicó que las empresas agrupadas en la Corporación Nacional de la Madera trabajan junto con el Gobierno en acciones de prevención y combate. A este esquema se suma Bomberos de Chile, una institución integrada principalmente por voluntarios que tiene entre sus funciones la protección de las personas y viviendas, pero que también interviene en incendios forestales. “Trabajamos en un protocolo mancomunado que va con el objetivo de tener seguridad para los tres entes y perseguir una optimización de los recursos en Chile”, explicó.
La coordinación busca establecer procedimientos comunes para el despliegue de los recursos y, al mismo tiempo, reducir los riesgos para quienes intervienen en las emergencias.
Con una flota aérea que ronda las 150 aeronaves, una creciente utilización de drones para vigilancia y un escenario climático que incorpora nuevos factores de riesgo, Chile enfrenta una temporada de incendios en la que la detección temprana, la coordinación y la velocidad de respuesta serán determinantes para contener los focos antes de que alcancen grandes dimensiones.


