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Año Niño y drones: una solución para entrar al lote, pero ¿alcanza con hacerlos volar?

Aplica Noticias
2 oct
6 min de lectura

Una campaña con mayores precipitaciones puede acelerar la adopción de drones agrícolas para realizar aplicaciones cuando las máquinas terrestres no pueden ingresar. Sin embargo, incorporar esta tecnología exige bastante más que comprar un equipo.



Los excesos hídricos suelen poner a la agricultura frente a un problema conocido: el cultivo necesita una intervención, pero la maquinaria no puede entrar al lote. En ese escenario, los drones agrícolas aparecen como una herramienta con una ventaja concreta: permiten realizar aplicaciones sin depender de la transitabilidad del suelo. Pero resolver el acceso al cultivo es apenas una parte del problema. Comprar un equipo, cargarlo con producto y hacerlo despegar no garantiza una buena aplicación. La tecnología exige conocimientos sobre planificación de vuelos, preparación de mezclas, calibración, tamaño de gota, condiciones ambientales, seguridad y logística. “Volar es relativamente sencillo porque estamos hablando de un robot autónomo. Uno le indica cuál es el lote, genera el plan de vuelo, arranca y vuelve solo. Sin embargo, es muy importante capacitarse en la configuración de los parámetros de aplicación”, explicó el Ing. Agr. Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro.

El valor de llegar a tiempo

En una campaña con mayores precipitaciones, el desafío no pasa solamente por conseguir una máquina que pueda entrar al lote. También está en llegar a tiempo con la intervención agronómica. Una maleza no deja de crecer porque la pulverizadora no pueda ingresar. En un barbecho, esperar a que el suelo recupere transitabilidad puede significar encontrarse con plantas de mayor tamaño y, por lo tanto, más difíciles de controlar. “Si no puedo entrar y no aplico, las malezas siguen creciendo. Una maleza adulta es mucho más resistente y tolerante que una joven. Por eso, entrar y aplicar en el momento justo representa también un ahorro, ya que impacta directamente en la eficacia del control y en la eficiencia de la aplicación”, sostuvo Fernández Koller. El problema también aparece con los herbicidas preemergentes, donde una demora puede terminar condicionando la fecha de siembra, y con los tratamientos postemergentes.

En fungicidas e insecticidas, la oportunidad puede ser todavía más crítica. Una enfermedad o una plaga puede avanzar mientras el equipo terrestre permanece fuera del lote. “Al tener una ventana de aplicación acotada, si una enfermedad o una plaga avanza mientras no podemos entrar, el control pierde eficacia y el daño puede llegar a comprometer la formación y el llenado de los granos y, por ende, el rendimiento final del cultivo”, agregó. Por eso, desde Bidcom Agro consideran que la comparación entre una aplicación terrestre y una realizada con drones no debería reducirse al costo por hectárea. También hay que ponerle valor a la posibilidad de intervenir cuando el cultivo lo necesita.

Menos huellas, más oportunidad

La ventaja del dron no se limita a poder volar cuando el suelo está húmedo. Al no desplazarse sobre el lote, evita el pisoteo del cultivo. Fernández Koller menciona referencias de pérdidas de rendimiento de entre 2% y 4% asociadas al tránsito de maquinaria terrestre, dependiendo de las condiciones de trabajo. En una campaña húmeda también elimina la necesidad de ingresar con maquinaria pesada sobre suelos con exceso de agua, reduciendo el riesgo de generar huellas y compactación. Eso no significa que el dron venga a reemplazar a la pulverizadora terrestre. Por el contrario, su mayor valor aparece como herramienta complementaria, para situaciones en las que la condición del suelo, el estado de desarrollo del cultivo o la urgencia de una intervención dificultan el ingreso de los equipos convencionales.

El desafío no termina cuando el dron despega

El principal riesgo para un usuario que se inicia en esta tecnología es confundir facilidad de operación con facilidad de aplicación. Un dron puede automatizar buena parte del vuelo. La aplicación, en cambio, sigue dependiendo de decisiones agronómicas.

Una de las primeras cuestiones es la preparación de la mezcla. “Con el dron trabajamos con muchos menos litros por hectárea y una solución mucho más concentrada. Por eso, lo primero y más importante es que la mezcla sea correcta y prestar mucha atención a la dilución de los principios activos”, explicó Fernández Koller.

La segunda cuestión es la calidad de aplicación. Una pulverizadora terrestre trabaja relativamente cerca del objetivo. Un dron, en cambio, puede operar a tres o cuatro metros de altura, dependiendo de la configuración y del tratamiento. “Ahí la física del viento y las condiciones ambientales tienen un impacto enorme sobre la gota. La calidad de aplicación con un dron es más desafiante y por eso hay que trabajar correctamente la calibración y los coadyuvantes que ayudan a darle estabilidad”, señaló. El viento, la evaporación, el tamaño de gota, la altura de vuelo y la velocidad de desplazamiento pasan así a ser variables críticas.

Una receta de pulverizadora no necesariamente sirve para un dron

Otro error frecuente es trasladar automáticamente al dron la misma receta utilizada en una pulverizadora terrestre. El cambio en el volumen de aplicación y en la concentración de la mezcla modifica las condiciones del tratamiento. Una sobredosificación puede incluso incrementar el riesgo de fitotoxicidad sobre el cultivo.

Por eso, el especialista recomienda evitar recetas generales y trabajar con tratamientos ajustados a cada situación, con operadores capacitados para interpretar las variables de aplicación. La tecnología puede automatizar el recorrido de la aeronave, pero no reemplaza el criterio agronómico.

Capacitación: una parte de la inversión

Para acompañar la incorporación de los equipos, Bidcom Agro ofrece DJI Academy, un programa de capacitación que combina contenidos teóricos y prácticos. Los contenidos abarcan desde las especificaciones del equipo y la configuración del plan de vuelo hasta la manipulación de productos, seguridad operacional, calidad de aplicación y destrezas de vuelo a campo. Los cursos son dictados por distribuidores de la red certificados por Bidcom Agro y DJI y forman parte de la entrega técnica para los clientes que reciben su primer equipo. Además, la compañía organiza jornadas de capacitación en distintos puntos del país para personas interesadas en la tecnología, aunque todavía no cuenten con un dron. La capacitación también tiene una dimensión regulatoria. Antes de operar, los usuarios deben revisar las exigencias vigentes en cada jurisdicción y asegurarse de cumplir con las condiciones establecidas para este tipo de aeronaves y aplicaciones.

¿Comprar o contratar el servicio?

Para un productor, la decisión tampoco termina en elegir qué dron comprar. Una alternativa es contratar a prestadores especializados que fueron surgiendo a medida que creció el uso de esta tecnología. “Se puede averiguar qué contratistas están trabajando en la zona, conocer cómo vienen operando y probar la tecnología”, recomendó Fernández Koller. Según Bidcom Agro, actualmente sus ventas se distribuyen en proporciones similares entre productores y prestadores de servicios. Para quien decide incorporar un equipo propio, la primera pregunta debería ser quién va a operarlo. Puede hacerlo el productor o una persona del establecimiento, pero en ambos casos la capacitación forma parte de la inversión necesaria. Además del entrenamiento, Bidcom Agro realiza una entrega técnica que incluye mantenimiento, recomendaciones agronómicas y las primeras prácticas de vuelo a campo, junto con el acceso a DJI Academy.

El equipo es solamente una parte del sistema

También hay una cuestión menos visible, pero determinante: la logística. Para que un dron pueda trabajar de manera eficiente hay que resolver el abastecimiento de agua, la preparación y agitación del caldo, la carga de baterías, los tiempos de recambio y la logística dentro del establecimiento. En otras palabras, el dron no debería pensarse como una máquina aislada, sino como parte de un sistema de aplicación. La elección del modelo también depende de la escala y del tipo de usuario. Bidcom Agro comercializa distintos equipos de la línea DJI Agras. El T55 está orientado a usuarios que comienzan; el T70, con mayor capacidad de trabajo, apunta a productores de mayor escala y contratistas; mientras que el T100 se diferencia por su robustez y sistemas de seguridad. La empresa también ofrece financiación propia, acuerdos bancarios y operaciones mediante canje de granos.

Un parque que crece

El interés por los drones agrícolas viene aumentando en los últimos años. Según estimaciones manejadas por Bidcom Agro, el parque de drones agrícolas en Argentina habría pasado de alrededor de 100 equipos en 2023 a unos 3.000 en 2026. Una campaña marcada por mayores precipitaciones podría acelerar todavía más esa adopción. Cuando el agua impide el ingreso de las pulverizadoras, la posibilidad de contar con una herramienta aérea gana valor. Pero la oportunidad no está solamente en reemplazar temporalmente a una máquina terrestre. El verdadero potencial está en sumar una herramienta capaz de ampliar la ventana operativa, reducir el tránsito sobre los cultivos y permitir intervenciones en momentos en los que la alternativa sería esperar. “El paso fundamental es entender cómo utilizarlo correctamente para aprovechar la tecnología para llegar al cultivo en el momento indicado sin resignar calidad de aplicación”, concluyó Fernández Koller.

En un año Niño, el dron puede resolver una de las preguntas más difíciles del productor: cómo entrar al lote cuando no se puede entrar con una máquina. La siguiente pregunta, bastante más importante, es otra: qué hacer una vez que el dron está en el aire.

 

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