Alerta en Colombia: la mancha ocular afectó al 98% de las plantas de maíz evaluadas

El monitoreo fitosanitario identificó mancha ocular en lotes de la Altillanura y el piedemonte del Meta. Las lesiones afectan entre el 10% y el 20% de la superficie foliar de las plantas relevadas. La enfermedad también fue reportada en Brasil y Uruguay.
Una enfermedad foliar del maíz encendió una señal de alerta en Colombia. La presencia de mancha ocular fue detectada en cultivos de la Altillanura y el piedemonte del departamento del Meta, en zonas productivas comprendidas entre Villavicencio y Puerto Gaitán, donde el monitoreo fitosanitario registró síntomas en el 98% de las plantas evaluadas. El relevamiento fue realizado en el marco de la Red Nacional de Monitoreo Fitosanitario para maíz y soya (REDMAS), un proyecto desarrollado por la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (AGROSAVIA) y el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA).
Según los resultados difundidos por Fenalce, las lesiones comprometieron entre el 10% y el 20% de la superficie de las hojas de las plantas evaluadas. Aunque la elevada incidencia registrada requiere atención, los datos corresponden a los lotes relevados y no permiten extrapolar automáticamente la situación a toda la superficie maicera del departamento. La mancha ocular puede reducir la capacidad fotosintética de las plantas cuando avanza sobre el tejido foliar.

Cómo reconocer la mancha ocular en el maíz
La enfermedad está asociada al hongo Kabatiella zeae, también denominado Aureobasidium zeae en referencias taxonómicas. Los primeros síntomas aparecen como pequeñas lesiones circulares u ovaladas, de aspecto translúcido y húmedo. A medida que avanzan, desarrollan un centro de color crema a pardo, bordes oscuros y un halo amarillento. En estados más avanzados, las manchas pueden unirse y formar áreas de tejido necrótico, es decir, partes de la hoja que se secan y mueren. Esta pérdida de tejido funcional puede limitar la fotosíntesis y afectar el desarrollo del cultivo, especialmente cuando las lesiones comprometen una proporción importante del follaje.
Uno de los principales desafíos es diferenciarla de otras enfermedades foliares y de alteraciones fisiológicas que pueden presentar síntomas similares. Por eso, la observación visual permite identificar casos sospechosos, pero la confirmación requiere análisis de laboratorio.
Humedad, residuos de cosecha y monocultivo, entre los factores de riesgo
Entre las condiciones que pueden favorecer el desarrollo de la mancha ocular se encuentran la repetición del maíz en el mismo lote, la permanencia de residuos vegetales infectados y los períodos prolongados de humedad. Las lluvias frecuentes, el rocío y la neblina pueden generar condiciones favorables para la infección. También se han señalado las temperaturas nocturnas inferiores a 25 °C entre los factores predisponentes. Los restos de cosecha merecen especial atención porque pueden mantener el inóculo entre campañas y favorecer nuevas infecciones. En este contexto, el seguimiento de los lotes y el conocimiento de los antecedentes sanitarios forman parte de las herramientas para anticipar la aparición de síntomas. Ante la detección de lesiones sospechosas, Fenalce, AGROSAVIA y el ICA recomiendan comunicar los casos a las instituciones para facilitar su evaluación y diagnóstico.
Antecedentes en Brasil y Uruguay
La detección en Colombia se suma a antecedentes documentados en otros países de América del Sur. En Brasil, la enfermedad fue reportada en Paraná y Santa Catarina y posteriormente se realizaron estudios sobre su presencia en distintos genotipos de maíz. Los antecedentes regionales citados por Fenalce describen lesiones que comprometieron entre el 7% y el 17% de la superficie foliar en evaluaciones previas. Uruguay, por su parte, confirmó científicamente la presencia del patógeno por primera vez en 2025. El estudio, publicado en diciembre de ese año, documentó la enfermedad en un lote de maíz ubicado en Dolores, donde los síntomas se observaron durante marzo, cuando el cultivo se encontraba en el estadio reproductivo R4. Los investigadores relevaron 500 plantas y registraron una incidencia del 100%, con una severidad foliar visual cercana al 40%. La identificación del agente causal se confirmó mediante análisis molecular. Estos indicadores deben interpretarse por separado. La incidencia expresa qué proporción de plantas presenta la enfermedad, mientras que la severidad mide cuánto tejido está afectado. Por eso, una incidencia del 100% no significa que toda la superficie foliar esté dañada.
Qué herramientas existen para el manejo
Entre las alternativas generales de manejo se encuentran la elección de híbridos con resistencia, la rotación de cultivos y el uso de fungicidas cuando corresponda. La estrategia debe ajustarse a la identificación del patógeno, las condiciones ambientales, el estado fenológico y el nivel de afectación del cultivo. También resulta importante considerar la persistencia de residuos infectados y evitar decisiones basadas únicamente en la apariencia de las lesiones. En el caso colombiano, la prioridad inmediata es confirmar los diagnósticos y ampliar la información sobre la distribución de la enfermedad. Los datos publicados no permiten establecer todavía qué superficie total está afectada ni cuantificar el impacto sobre los rindes.
La evolución de los próximos monitoreos será clave para determinar si la presencia detectada en el Meta se mantiene localizada o si se extiende a otras zonas productoras.


