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Alberto Torregiani: “Los márgenes son muy chicos y es difícil sostener la presión impositiva”

Aplica Noticias
15 oct
5 min de lectura

El empresario aeroaplicador y contratista rural del sur de Santa Fe proyecta una campaña con mejores perspectivas tras las últimas lluvias, aunque advierte sobre el aumento de los costos y la pérdida de rentabilidad.





Alberto Torregiani es empresario aeroaplicador y contratista rural en el sur de Santa Fe, miembro del Consejo Directivo de la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (FeArCA). Su empresa trabaja entre 50.000 y 55.000 hectáreas por campaña, distribuidas en aproximadamente diez localidades, y combina aplicaciones aéreas con pulverizaciones terrestres. Con experiencia en ambos sistemas, analiza las perspectivas productivas, los desafíos económicos y las condiciones regulatorias que inciden sobre la actividad. En diálogo con Aplica, Torregiani señaló que la llegada de las lluvias mejoró las expectativas después de tres meses de sequía. Con los aviones y los equipos terrestres preparados para comenzar la campaña, considera que un escenario con mayores precipitaciones podría impulsar la demanda de servicios, aunque también modificar la distribución del trabajo entre ambos sistemas. “Ahora empezó a llover, así que las expectativas son un poco mejores, porque veníamos de tres meses de sequía”, explicó. En ese sentido, sostuvo que la disponibilidad de agua resulta clave para la producción y para el movimiento de la actividad agrícola.

Costos crecientes y márgenes ajustados

Pese a las mejores perspectivas climáticas, el contexto económico continúa condicionando el desempeño de las empresas de servicios. Torregiani advirtió que el incremento de los insumos repercute directamente en los costos operativos, sin que siempre exista la posibilidad de trasladar esos aumentos al precio final de los trabajos. “Hemos ido perdiendo un poco de rentabilidad en estos últimos años”, afirmó el empresario, quien señaló que la demanda se distribuye entre las aplicaciones aéreas y terrestres según las necesidades de cada productor. La posibilidad de contar con ambas alternativas le permite adaptar los servicios a las condiciones de los lotes, los cultivos y las preferencias de sus clientes. Sin embargo, mantener dos estructuras operativas también exige administrar cuidadosamente los costos en un escenario de márgenes reducidos.

En cuanto a la escala de trabajo, la empresa cubre entre 50.000 y 55.000 hectáreas por campaña. La actividad se concentra principalmente en trigo, maíz y soja, aunque también incluye colza, carinata, girasol y sorgo. Los tratamientos más demandados con avión son las aplicaciones de fungicidas y, en menor medida, insecticidas y herbicidas. En los equipos terrestres, en cambio, predominan los tratamientos herbicidas, una diferencia que muestra cómo se distribuyen las tareas de acuerdo con las características de cada sistema.





Aviones y equipos terrestres: la elección depende del cultivo y las condiciones del lote

De la superficie total trabajada, aproximadamente 15.000 hectáreas corresponden a aplicaciones aéreas y 35.000 a pulverizaciones terrestres, aunque las proporciones varían según las condiciones de cada campaña. Para Torregiani, uno de los factores que inclina la decisión hacia el avión es el estado de desarrollo del cultivo. Cuando los lotes alcanzan mayor altura, el tránsito de la maquinaria terrestre puede provocar daños sobre las plantas y generar pérdidas de producción. “Muchos de los clientes eligen el avión por el tema de la pisada y el daño que produce”, explicó. Según su experiencia, en determinadas aplicaciones de fungicidas sobre cultivos desarrollados, el costo asociado a la pérdida de cereal por el paso de los equipos terrestres puede compensar el valor del servicio aéreo. La oportunidad de aplicación es otro factor determinante. Si bien considera que ambos sistemas permiten realizar buenos trabajos, destaca la velocidad del avión y su capacidad para operar cuando la humedad del suelo dificulta el ingreso de las máquinas terrestres. “Después de una lluvia, cuando los terrenos están blandos, opera más el avión”, señaló. En esas circunstancias, la aplicación aérea puede permitir que los tratamientos se realicen en el momento adecuado, siempre que las condiciones meteorológicas sean favorables para volar y aplicar.




Las restricciones municipales, un problema para la actividad

Las diferencias regulatorias entre municipios y comunas constituyen una de las principales preocupaciones de Torregiani. El empresario advierte que las distancias de exclusión para las aplicaciones aéreas pueden variar considerablemente entre localidades, lo que reduce la superficie disponible para trabajar. Según explicó, mientras algunas jurisdicciones establecen restricciones de 1.000 o 1.500 metros, otras alcanzan los 3.000 metros. Esa situación puede generar dificultades cuando dos localidades cercanas aplican distancias de exclusión amplias. “Entre un pueblo y otro hay seis o siete kilómetros y queda una franja muy chica para aplicar. Si los dos prohíben 3.000 metros, queda una franja muy chica”, sostuvo. Frente a este escenario, Torregiani indicó que, junto con la cámara del sector en Santa Fe, trabajan para dialogar con comunas que mantienen prohibiciones totales y presentar experiencias de otras jurisdicciones donde las aplicaciones se desarrollan con restricciones y controles locales. El objetivo, según planteó, es promover criterios técnicos más coordinados y demostrar que es posible desarrollar la actividad bajo mecanismos de fiscalización. Para el empresario, el control de las aplicaciones por parte de las autoridades locales resulta fundamental para compatibilizar el trabajo aeroagrícola con las exigencias de cada territorio.

Drones: por ahora, sin planes de inversión

La incorporación de drones pulverizadores también forma parte de la transformación tecnológica del sector, aunque Torregiani no prevé adquirir uno en el corto plazo. Su estrategia consiste en recurrir a terceros si surge una necesidad concreta que justifique su utilización. “No tengo pensado comprar un dron por ahora”, contó y explicó que “en caso de necesitarlo, lo subcontrataría”. El empresario considera que, al menos en su zona y para el volumen de trabajo que maneja, todavía no encuentra una necesidad suficiente para incorporar esta tecnología a su estructura propia.

Retenciones, presión impositiva y acceso al crédito

Entre las medidas que considera prioritarias para mejorar la competitividad de los contratistas rurales, Torregiani destacó la eliminación de los derechos de exportación, la reducción de la carga tributaria y la recuperación de líneas de financiamiento en condiciones favorables. “Las retenciones deberían eliminarse. En algún momento hubo créditos blandos y sería importante recuperar esas herramientas”, planteó. El empresario explicó que buena parte de la maquinaria se adquiere mediante financiación, debido al volumen de capital que requieren las inversiones y a los márgenes reducidos con los que trabajan las empresas. “Los márgenes son muy chicos, así que no hay otra forma”, afirmó, al referirse a la dependencia del crédito para renovar o incorporar equipamiento. A su entender, una menor presión impositiva y mejores condiciones de acceso al financiamiento permitirían sostener las inversiones necesarias para mantener la capacidad operativa y responder a las demandas de cada campaña.

El Niño podría favorecer la demanda de aplicaciones aéreas

En relación con las perspectivas climáticas, Torregiani considera que un escenario asociado a El Niño, caracterizado por mayores precipitaciones en su zona de trabajo, podría beneficiar a la pulverización aérea. La principal ventaja estaría vinculada con las dificultades de acceso que enfrentan los equipos terrestres cuando los suelos se encuentran saturados de humedad. “Creo que en la aplicación aérea nos favorecería, porque la abundancia de agua genera pisos blandos donde el equipo terrestre no puede entrar”, explicó. Para una empresa que dispone de ambos sistemas, ese contexto implicaría una mayor participación del avión en determinadas ventanas de aplicación. Sin embargo, el empresario aclaró que prefiere una campaña con lluvias suficientes antes que un escenario de sequía, por el impacto que la falta de agua tiene sobre los rindes, la producción y la demanda de servicios. “Siempre es preferible que el agua sea abundante y no seco, porque las condiciones de sequía generan menos trabajo y menos producción”, concluyó. Las perspectivas para la próxima campaña dependerán, en definitiva, de la evolución climática y de la capacidad de los productores y contratistas para sostener sus costos. Para Torregiani, la combinación de herramientas aéreas y terrestres permite responder a distintas condiciones operativas, pero el desarrollo de la actividad también requiere reglas previsibles, menor presión impositiva y mejores alternativas de financiamiento.

 

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