A diez años de las BPAs, Blanda anticipa una nueva etapa: “El programa va a seguir expandiéndose y será cada vez más exigente”
El Programa de BPAs cumplió una década y reunió a representantes del sector público y privado. Desde el Ministerio anticiparon una agenda cada vez más exigente, con la agricultura de precisión y los drones como parte de la discusión.

En la Casa de Córdoba en Buenos Aires, el ministro de Bioagroindustria de la provincia, Sergio Busso, encabezó el encuentro por los 10 años del Programa de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPAs), una política que se consolidó a partir del trabajo conjunto entre el Estado, los productores y más de 50 instituciones vinculadas al sector.
Durante la jornada se repasaron los principales hitos de una década de trabajo y se planteó uno de los desafíos hacia adelante: llevar la experiencia cordobesa al ámbito nacional y continuar elevando los estándares de producción sostenible. “Hacer las cosas bien era un desafío”, señaló Busso al recordar los comienzos del programa. Según explicó, la iniciativa nació con la intención de que los productores pudieran incorporarse independientemente de su ubicación o actividad productiva. El ministro también destacó la incorporación de nuevas herramientas. Entre ellas mencionó el seguro multirriesgo, implementado el año pasado como experiencia piloto sobre unas 550.000 hectáreas de soja y maíz, y planteó la necesidad de ampliar su alcance. “Tenemos el enorme desafío de escalar este programa, que es el compromiso articulado de lo público y privado”, sostuvo.
Una década de evolución
En diálogo con APlica, el secretario de Agricultura del Ministerio de Bioagroindustria de Córdoba, Marcos Blanda, repasó el proceso de construcción del programa y destacó que uno de los principales desafíos iniciales fue desarrollar un esquema que pudiera contemplar la diversidad productiva de la provincia. “Al principio había mucha incertidumbre, no teníamos un espejo en el que vernos”, sostuvo y recordó: “Había muchas preguntas sobre cómo podíamos hacerlo y qué prácticas incorporar”. El funcionario explicó que desde el comienzo se buscó que el programa tuviera un alcance amplio y pudiera incluir a productores de diferentes regiones y actividades. “Las premisas que había puesto Sergio Busso eran que todos pudieran acceder, no importaba en qué lugar de Córdoba estuvieran ni a qué producción se dedicaran, fuera animal, vegetal o intensiva”, señaló. A partir de allí comenzó un trabajo de construcción de indicadores y criterios para determinar qué prácticas podían incorporarse al programa y cuáles no. Blanda remarcó que no se trataba solamente de sumar prácticas, sino de establecer mecanismos que permitieran medir y verificar resultados. “Si no había indicador o control, no estaba dentro del panorama”, explicó.
La evolución del programa llevó además a modificar periódicamente los parámetros. La idea, según el secretario, fue evitar que las BPAs quedaran estancadas y acompañar la propia evolución del sistema productivo.
El rol de la aviación agrícola
Uno de los aspectos que atravesó la conversación con Blanda fue el lugar que ocupa la aviación agrícola dentro del esquema de Buenas Prácticas. El funcionario explicó que el enfoque adoptado por el programa no fue considerar a cada actividad de manera aislada, sino analizar cómo cada actor puede contribuir a mejorar el sistema productivo. “La base para entrar al programa era cumplir las leyes”, señaló, pero aclaró que el objetivo iba más allá del cumplimiento normativo. En ese esquema, los aeroaplicadores comenzaron a participar desde una perspectiva vinculada con la capacitación y la mejora de las prácticas. “Los aeroaplicadores se pararon desde ese lugar y nos daban su opinión, podíamos hacer más capacitaciones, podemos ayudar a los productores”, relató. Según Blanda, ese intercambio permitió incorporar diferentes miradas sobre una misma actividad. “No era tener la práctica propia, era ver cómo contribuir al sistema”, contó y agregó que “cada actor era importante porque conocía el sistema desde un prisma distinto”. La interacción entre esas diferentes perspectivas terminó formando parte de la construcción del programa.

Un programa que busca preparar al productor para mayores exigencias
De cara a los próximos años, Blanda consideró que el programa seguirá evolucionando y que los requerimientos serán cada vez mayores. “Creo que va a seguir expandiéndose y va a ser cada vez más exigente”, sostuvo. Uno de los objetivos originales de las BPAs, explicó, era preparar a los productores para mercados con mayores exigencias, tanto internos como externos. La iniciativa no funciona como una certificación, pero busca generar un ejercicio permanente de cumplimiento, medición y mejora dentro de los establecimientos. “Generábamos el ejercicio de que el productor se sintiera que estaba haciendo bien las cosas y se pidiera que estaba haciendo bien las cosas”, explicó. Pero el programa también tuvo otra consecuencia: abrió un canal de comunicación entre el sector agropecuario y las comunidades cercanas a las zonas productivas. Para Blanda, ese aspecto terminó adquiriendo una importancia que inicialmente no necesariamente estaba dimensionada. “Si hoy me decís cuál fue el mejor canal de comunicación con los vecinos, creo que fue el programa”, afirmó.
En ese sentido, las BPAs aparecen hacia adelante no solamente como una herramienta para mejorar los procesos productivos, sino también como una vía para transparentar prácticas, incorporar tecnología y generar nuevos mecanismos de diálogo con la sociedad.


