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Lluvias en Brasil, Paraguay y el Litoral: crece la preocupación en el campo y la ganadería de islas busca tierras altas

Aplica Noticias
15 oct
4 min de lectura

En el sur de Brasil se esperan nuevos episodios de lluvias, Paraguay registró acumulados importantes durante la primera quincena y en el Litoral argentino crece la atención sobre la evolución de los ríos Paraná y Uruguay.



Las lluvias que afectan a sectores de Brasil y Paraguay mantienen bajo seguimiento a la cuenca del Plata y generan preocupación en las zonas productivas del noreste argentino. Con la primavera en marcha y nuevos episodios de inestabilidad previstos para los próximos días, la evolución de las precipitaciones y de los niveles de los ríos será determinante para el campo durante la segunda quincena de octubre.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Meteorología de Brasil (INMET), entre el 13 y el 20 de octubre los mayores acumulados de lluvia de la región sur podrían concentrarse en Paraná, donde algunas áreas del centro-norte del estado recibirían hasta 200 milímetros. En Santa Catarina se prevén registros de entre 40 y 60 milímetros, mientras que en Rio Grande do Sul las precipitaciones serían más limitadas, especialmente fuera de la franja costera. El organismo brasileño también anticipó lluvias importantes en otras regiones del país, aunque con una distribución desigual. Este comportamiento refuerza la necesidad de seguir los acumulados por localidad y no extrapolar los valores de una zona a todo el sur brasileño.

Paraguay: tormentas y acumulados importantes en la Región Oriental

En Paraguay, las lluvias intensas de la primera parte de octubre motivaron medidas preventivas de los organismos de emergencia. La Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) informó que, de acuerdo con el reporte de la Dirección de Meteorología e Hidrología, se esperaban acumulados de hasta 150 milímetros entre el 6 y el 9 de octubre, con riesgo de inundaciones repentinas, desbordes y complicaciones en la infraestructura. Los registros de las estaciones meteorológicas paraguayas muestran la magnitud de algunos episodios. Entre el 1 y el 9 de octubre, la estación de Curuguaty, en el departamento de Canindeyú, acumuló 123,1 milímetros; la de Pirapó, en Itapúa, registró 100,6 milímetros, y la estación de Encarnación sumó 87,7 milímetros. La persistencia de las lluvias puede complicar el tránsito de maquinaria y camiones por caminos rurales de tierra, demorar las labores agrícolas y dificultar el ingreso a los lotes. En campos bajos, los excesos hídricos también pueden limitar el pastoreo y reducir la disponibilidad de sectores firmes para el manejo del ganado.

El Litoral argentino, pendiente de la evolución del Paraná

En Argentina, la atención se concentra en Corrientes, Misiones, Chaco, Santa Fe y Entre Ríos, donde la evolución de las lluvias en las cuencas que alimentan al Paraná y al Uruguay puede repercutir sobre las zonas productivas ribereñas. El Instituto Nacional del Agua (INA) viene siguiendo la evolución hidrológica del Paraná, con pronósticos que contemplan ascensos en distintos tramos de la cuenca. Las lluvias registradas en el sur de Brasil y el este de Paraguay constituyen un factor relevante, aunque la respuesta de los ríos depende también de la distribución espacial de las precipitaciones, los aportes de los afluentes y la operación de los embalses. La situación exige diferenciar las lluvias que caen directamente sobre el Litoral argentino de las precipitaciones que se producen aguas arriba y que pueden traducirse en una crecida días después. Para los productores de las islas del Paraná, el principal riesgo está asociado a la pérdida progresiva de superficie de pastoreo cuando aumenta el nivel del agua. En esos ambientes, la disponibilidad de terrenos altos resulta clave para mantener a los animales en condiciones adecuadas y reducir las dificultades de manejo. El seguimiento de los niveles hidrométricos es especialmente importante para anticipar movimientos de hacienda, organizar embarques y desembarques y evaluar la accesibilidad de los establecimientos.

Ganadería de islas: la búsqueda de campos altos

El posible avance del agua sobre las zonas bajas vuelve a poner en primer plano la logística de la ganadería de islas. Cuando las pasturas quedan anegadas, los productores deben evaluar el traslado de los animales hacia sectores más elevados o campos firmes.




El movimiento anticipado permite reducir el riesgo de aislamiento de los rodeos, dificultades de alimentación y complicaciones para acceder a los establecimientos. Sin embargo, el traslado requiere disponibilidad de campos receptores, embarcaciones, caminos transitables y coordinación sanitaria. La presión sobre las tierras altas puede aumentar cuando varios establecimientos necesitan mover hacienda al mismo tiempo. Además de los costos de traslado, los productores deben contemplar la adaptación de los animales a nuevos ambientes y la disponibilidad de agua y forraje en los campos de destino. En este contexto, la evolución del Paraná y del Uruguay durante las próximas semanas será una variable central para la planificación ganadera en las zonas insulares de Corrientes y Entre Ríos.

Cultivos: exceso de agua, demoras y riesgos sanitarios

Las lluvias tienen efectos diferentes según el estado de los cultivos y las condiciones de cada lote. En las áreas donde los suelos se encuentran saturados, el exceso de agua puede reducir la aireación de las raíces, dificultar la implantación y generar pérdidas en sectores bajos. En los lotes agrícolas, la falta de piso también puede impedir el ingreso de sembradoras, pulverizadoras y otros equipos, retrasando las labores previstas para la campaña gruesa. Los caminos rurales deteriorados suman dificultades para transportar semillas, fertilizantes, fitosanitarios y producción. En cultivos de verano, los anegamientos prolongados pueden afectar el establecimiento y el crecimiento inicial. En cambio, las precipitaciones moderadas y bien distribuidas pueden contribuir a recomponer la humedad del perfil y favorecer la implantación, siempre que no se produzcan excesos. Las tormentas severas agregan otros riesgos: ráfagas intensas, posible granizo y daños localizados en cultivos e instalaciones rurales. Por eso, los milímetros acumulados deben analizarse junto con la intensidad de las lluvias, el drenaje de los suelos y el estado fenológico de cada cultivo.

 

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