Drones para saber cuánto perdió el campo: la apuesta tecnológica de Colombia
Mientras el uso de drones pulverizadores avanza en otros países de la región, Colombia desarrolla una aplicación diferente: utiliza aeronaves no tripuladas para relevar daños en cultivos, generar información territorial y mejorar la gestión del riesgo agropecuario.

La agricultura de precisión no siempre empieza con un dron cargando un tanque de pulverización. En Colombia, una de las experiencias más interesantes está ocurriendo en otro frente: el uso de drones como herramienta para medir daños agrícolas, evaluar riesgos y generar información para la toma de decisiones. El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural trabaja con el Sistema Nacional de Evaluación de Daños y Pérdidas para el Sector Agropecuario (SEDyP), que incorpora una herramienta específica de tecnología UAS/Dron. El sistema combina imágenes obtenidas desde aeronaves no tripuladas con información relevada en tierra para determinar la superficie afectada y caracterizar los daños provocados por eventos naturales.
El piloto que puso el dron sobre 400 hectáreas
La experiencia comenzó con una prueba piloto realizada en el departamento del Meta, sobre 400 hectáreas de cultivos afectadas por el desbordamiento del río Ariari. Según la documentación del sistema, las imágenes capturadas mediante drones permitieron identificar las áreas afectadas y determinar porcentajes de afectación con un nivel de detalle útil para las comunidades y para las instituciones encargadas de responder ante la emergencia. La información puede ser utilizada por alcaldías, oficinas de gestión del riesgo y secretarías de agricultura para evaluar la magnitud de los daños y definir una ruta de intervención. El valor de la herramienta está, precisamente, en la velocidad y el nivel de detalle. Después de una inundación, una sequía, un deslizamiento o cualquier otro evento que afecte una zona productiva, conocer cuánto se dañó, dónde ocurrió y qué cultivos están comprometidos es el primer paso para dimensionar las pérdidas y definir respuestas.
El dron como sensor del campo
La experiencia colombiana muestra una utilización de los drones diferente a la que suele dominar la conversación sobre agricultura de precisión. En lugar de utilizar el equipo principalmente para pulverizar, el Estado lo incorpora como una plataforma de captura de datos. El objetivo no es aplicar un producto sobre el cultivo, sino observar el territorio desde el aire. La combinación entre imágenes aéreas y datos terrestres permite construir una evaluación más precisa de los daños. En ese sentido, el dron funciona como una herramienta de diagnóstico que puede complementar los relevamientos tradicionales. La experiencia colombiana también tiene un componente de gestión del riesgo climático. El antecedente que dio origen al piloto estuvo vinculado a una metodología desarrollada por la FAO y el Gobierno de Filipinas durante episodios asociados al fenómeno de El Niño. Allí, el uso de drones permitió identificar zonas agrícolas amenazadas por desastres naturales y evaluar rápidamente daños y pérdidas.
La otra pata: financiar maquinaria y riego
Mientras el dron gana espacio como herramienta de monitoreo, la política agropecuaria colombiana también está poniendo el foco en una tecnología mucho más tradicional: la mecanización. El Ministerio de Agricultura plantea como una de sus prioridades financiar a largo plazo la mecanización y el riego. El objetivo es facilitar el acceso de los pequeños productores al crédito y mejorar sus condiciones de producción. La propuesta contempla líneas de financiación de largo plazo para que los productores puedan acceder a maquinaria, sistemas de riego y otras herramientas productivas. También se plantean esquemas de crédito de 10 y 15 años, junto con proyectos de tecnificación y distritos de riego. En la Orinoquía, el Gobierno impulsa además líneas de financiamiento de hasta 15 años con períodos de gracia, vinculadas a proyectos de riego, mecanización y utilización de semillas certificadas.
Dos tecnologías, dos momentos de la agricultura
La estrategia colombiana permite observar dos caminos diferentes de incorporación tecnológica. La información obtenida mediante drones puede ayudar a determinar dónde están los daños y qué zonas requieren intervención. La inversión en maquinaria y riego apunta, en cambio, a mejorar la capacidad productiva y la resiliencia de los establecimientos. En ambos casos aparece un mismo problema: cómo llevar tecnología y capacidad de inversión a productores que no necesariamente pueden afrontar esos costos individualmente.
Una agricultura de precisión que empieza por conocer el territorio
El caso colombiano resulta especialmente interesante porque recuerda que la agricultura de precisión no se limita a la aplicación variable de insumos. Antes de decidir dónde fertilizar, pulverizar o regar, hay una pregunta previa: ¿qué está pasando realmente en el lote? Para responderla, las imágenes aéreas pueden convertirse en una fuente de información de enorme valor. La prueba piloto mostró una aplicación concreta: utilizar drones para determinar con mayor precisión la superficie y el nivel de afectación después de una inundación. El desafío ahora es convertir esa experiencia en una herramienta institucional capaz de integrarse de manera sistemática a la evaluación de daños y pérdidas del sector agropecuario. Mientras esa infraestructura de información se consolida, Colombia busca resolver otra parte del problema: que los productores puedan financiar las herramientas físicas necesarias para producir.
El modelo colombiano: medir mejor para invertir mejor
A diferencia de otros mercados latinoamericanos donde la noticia pasa por los drones pulverizadores, Colombia está mostrando otro camino. Primero medir. Después decidir. Y, en paralelo, generar condiciones para invertir. El dron aporta una capa de información que permite conocer mejor el territorio y dimensionar los efectos de los eventos climáticos. La mecanización y el riego aportan capacidad productiva. La combinación puede resultar especialmente relevante en un contexto en el que el clima aumenta la frecuencia y el impacto de eventos extremos sobre la producción agropecuaria. La agricultura de precisión, en este modelo, no empieza necesariamente con una aplicación de agroquímicos. Puede empezar con una imagen tomada desde el aire después de una inundación y terminar con una decisión de inversión, un crédito, un sistema de riego o una máquina que permita volver a producir.






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