top of page

Argentina: un año Niño obliga a ajustar la nutrición de los cultivos

Aplica Noticias
7 oct
3 min de lectura

Especialistas advirtieron sobre un escenario climático particular para la campaña 2026/27 y destacaron la importancia del diagnóstico de suelos y de una nutrición balanceada para enfrentar posibles excesos de lluvias y períodos de estrés.



Los productores argentinos enfrentan una campaña marcada por la incertidumbre climática y por el impacto que podría tener un año Niño sobre las distintas regiones productivas. Ante este escenario, especialistas recomendaron ajustar las estrategias de fertilización y priorizar una nutrición equilibrada de los cultivos. Durante una capacitación virtual organizada por Yara, denominada “Claves de nutrición para transitar un año Niño”, el especialista en agroclimatología Eduardo Sierra y el doctor en Ciencias Agropecuarias Gabriel Espósito analizaron las condiciones climáticas previstas y las herramientas nutricionales para los principales cultivos extensivos e intensivos.

Un Niño con impacto en la región pampeana

Sierra explicó que las condiciones observadas en el Pacífico Ecuatorial anticipan un ciclo con lluvias abundantes y superiores al promedio en la región pampeana. Según el especialista, no se trataría de un Niño convencional, sino de un fenómeno con características que podrían asemejarse a episodios de mayor intensidad registrados en campañas como 1982/83, 1991/92, 1997/98 y 2015/16. Sierra señaló además que el mayor impacto del fenómeno sobre Argentina podría sentirse hacia febrero de 2027, mientras que el período asociado al Niño se extendería aproximadamente entre octubre de 2026 y abril de 2027. Para los próximos meses, el especialista anticipó un clima templado en la región Pampeana hasta noviembre, con algunos ingresos de aire polar y un incremento de las precipitaciones que comenzaría hacia finales de septiembre.

Nutrición para enfrentar el escenario climático

Frente a este contexto, Espósito destacó que será fundamental lograr una buena implantación de los cultivos, un desarrollo vegetativo vigoroso y disponibilidad de nutrientes en los momentos de mayor demanda. El especialista remarcó la importancia de realizar un diagnóstico a partir del análisis de suelo, especialmente ante el aumento de deficiencias de determinados nutrientes. Entre ellos mencionó al fósforo y el zinc. El primero resulta clave para el desarrollo del sistema radical, mientras que el zinc interviene en la regulación del crecimiento y en mecanismos asociados a la respuesta frente al estrés.

Maíz: una estrategia nutricional más amplia

En el caso del maíz, Espósito puso el foco en el nitrógeno y en el papel del magnesio como herramienta para afrontar situaciones de estrés térmico. Según explicó, una estrategia basada únicamente en nitrógeno puede limitar el potencial productivo. En cambio, una nutrición que contemple nitrógeno, fósforo, azufre, boro, zinc, calcio y magnesio permite cubrir una mayor cantidad de requerimientos del cultivo. El especialista señaló que una de las claves de esta campaña será la “provisión apilada” de nutrientes y sostuvo que el maíz puede registrar una reducción de hasta 25% en su producción cuando se lo fertiliza solamente con nitrógeno frente a un esquema que contemple otros nutrientes necesarios. También recomendó fraccionar las aplicaciones de nitrógeno y considerar la elevada demanda del cultivo durante las etapas posteriores a la floración. En este sentido, destacó el uso de fuentes nitrogenadas a base de nitratos, que permiten mejorar la sincronización entre la disponibilidad del nutriente y la demanda del cultivo. Espósito también recomendó revisar los niveles de azufre, debido al progresivo empobrecimiento de los suelos, y diagnosticar la disponibilidad de boro, un nutriente relevante durante la etapa de floración.

Soja y girasol

Para la soja, el especialista destacó la respuesta del cultivo a la fertilización de arranque con fósforo, azufre y zinc. También remarcó la importancia del boro tanto en soja como en girasol, debido a su participación en los procesos vinculados con la floración y la formación de estructuras reproductivas. Según Espósito, una estrategia que combine fósforo, azufre y boro puede generar incrementos de hasta 16% en los rendimientos de soja, de acuerdo con las experiencias presentadas durante la capacitación.

Caña de azúcar

En el caso de la caña de azúcar, con foco en el Noroeste Argentino, el especialista señaló que será necesario prestar atención a una nutrición que contemple nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, zinc, boro y hierro. La disponibilidad equilibrada de estos nutrientes resulta relevante para acompañar el desarrollo y el potencial productivo del cultivo.

Bioestimulación frente al estrés

Otro de los puntos abordados durante la capacitación fue el papel de la bioestimulación como estrategia para afrontar períodos de estrés térmico, especialmente ante la posibilidad de temperaturas elevadas durante enero. Los especialistas coincidieron en que, frente a un escenario climático que podría combinar períodos de excesos hídricos con episodios de estrés, la estrategia no debería centrarse únicamente en un nutriente. La recomendación apunta a construir cultivos bien implantados, con un sistema radical desarrollado y una nutrición balanceada, utilizando el análisis de suelo como herramienta para definir las necesidades específicas de cada lote. De esta manera, la nutrición aparece como una de las herramientas de manejo para que los cultivos atraviesen con mayor capacidad de respuesta una campaña que podría estar marcada por una fuerte variabilidad climática.

 

bottom of page